Calificar de horrendas a estas pinturas “modernas” que reemplazan las tradicionales estaciones del Vía Crucis en la catedral de Toulouse, Francia, estaría bien –aunque nos quedaríamos cortos-.
Sin embargo hay algo peor que la fealdad: la irreverencia y la blasfemia.
Dios nos auxilie!
Como los trabaja el demonio........Es una forma directa y perfecta de insensibilizar el catolicismo cubriendo lo sobrenatural y trascendente.
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