1) Crítica del Evangelio de San Mateo y rechazo de su exactitud histórica
Lo siguiente se presenta en el contexto de los repetidos intentos de excusar a los judíos de cualquier culpa por la muerte de Cristo.
Benedicto XVI, Jesús de Nazaret – Desde la Entrada en Jerusalén hasta la Resurrección, 2011, p. 218 : “El ochlos [“muchedumbre del pueblo” en griego] de Marcos se amplía en Mateo con fatales consecuencias, pues habla del ‘pueblo entero’ (27, 25), atribuyéndole la petición de que se crucificará a Jesús. Con ello Mateo no expresa seguramente un hecho histórico: ¿cómo podría haber estado presente en ese momento todo el pueblo y pedir la muerte de Jesús? La realidad histórica aparece de manera notoriamente correcta en Juan y Marcos”.
¡Impresionante, ¿no?! Benedicto comenta sobre las palabras de Mateo 27, 25: “Y todo el pueblo contestó diciendo: Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos”. Benedicto XVI no solamente critica las palabras del Evangelio de Mateo como algo de “fatales” consecuencias, sino que también niega de plano que el relato de San Mateo sea históricamente preciso. (…)
Papa León XIII, Providentissimus Deus, #20-21, 18 de noviembre de 1893: “En efecto, los libros que la Iglesia ha recibido como sagrados y canónicos, todos e íntegramente, en todas sus partes, han sido escritos bajo la inspiración del Espíritu Santo; y está tan lejos de la divina inspiración el admitir error, que ella por sí misma no solamente lo excluye en absoluto, sino que lo excluye y rechaza con la misma necesidad con que es necesario que Dios, Verdad suma, no sea autor de ningún error. Tal es la antigua y constante creencia de la Iglesia definida solemnemente por los concilios de Florencia y de Trento, confirmada por fin y más expresamente declarada en el concilio Vaticano, que dio este decreto absoluto: ‘Los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento, íntegros, con todas sus partes, como se describen en el decreto del mismo concilio (Tridentino) y se contienen en la antigua versión latina Vulgata, deben ser recibidos por sagrados y canónicos. La Iglesia los tiene por sagrados y canónicos, no porque, habiendo sido escritos por la sola industria humana, hayan sido después aprobados por su autoridad, ni sólo porque contengan la revelación sin error, sino porque, habiendo sido escritos por inspiración del Espíritu Santo, tienen a Dios por autor’. Por lo cual nada importa que el Espíritu Santo se haya servido de hombres como de instrumentos para escribir, como si a estos escritores inspirados, ya que no al autor principal, se les pudiera haber deslizado algún error. Porque É l de tal manera los excitó y movió con su influjo sobrenatural para que escribieran, de tal manera los asistió mientras escribían, que ellos concibieran rectamente todo y sólo lo que Él quería, y lo quisieran fielmente escribir, y lo expresaran aptamente con verdad infalible; de otra manera, É l no sería el autor de toda la Sagrada Escritura. Tal ha sido siempre el sentir de los Santos Padres. (…) pero lo que de ninguna manera puede hacerse es limitar la inspiración a solas algunas partes de las Escrituras o conceder que el autor sagrado haya cometido error”.
Papa Benedicto XV, Spiritus Paraclitus, # 22, 15 de septiembre de 1920: “Y no discrepan menos de la doctrina de la Iglesia – comprobada por el testimonio de San Jerónimo y de los demás Santos Padres – los que piensan que las partes históricas de la Escritura no se fundan en la verdad absoluta de los hechos…”.
2) Promoción de la idea de que los judíos no deben ser convertidos
Benedicto XVI, Jesús de Nazaret – Desde la Entrada en Jerusalén hasta la Resurrección, 2011, p. 60 : “Hildegard Brem comenta así este pasaje: ‘Según Romanos 11, 25, la Iglesia no tiene que preocuparse por la conversión de los judíos, porque hay que esperar el momento establecido por Dios, ‘hasta que entren todos los pueblos’ (Ro m. 11, 25)”.
Benedicto XVI cita a Hildegard Brem (lo que significa que él lo aprueba), quien enseña que la Iglesia no debe convertir a los judíos. Benedicto XVI no contradice esta enseñanza, sino que la promueve y está de acuerdo con ella. En la siguiente página, él amplia aún más el punto, declarando que los judíos conservan su propia “misión”.
Benedicto XVI, Jesús de Nazaret – Desde la Entrada en Jerusalén hasta la Resurrección, 2011, p. 61: “Hemos comprobado, además, que el anuncio de un tiempo de los gentiles forma parte del núcleo del mensaje escatológico de Jesús, un tiempo durante el cual se debe llevar el Evangelio a todo el mundo y a todos los hombres: sólo después la historia puede alcanzar su meta.
"Entretanto, Israel conserva su propia misión. Está en las manos de Dios, que lo salvará ‘por entero’ en el tiempo apropiado, una vez que el número de los paganos esté completo. Es obvio y nada sorprendente que no se pudiera calcular la duración histórica de este periodo”.
Según él, los judíos no necesitan convertirse porque ellos retienen su propia misión y están “en las manos de Dios”… También que lo vimos alentar en su “misión” al rabino jefe de Roma .
Benedicto XVI, Discurso al rabino jefe de Roma, 16 de enero de 2006: “Distinguido señor rabino jefe, recientemente se le ha encomendado la guía espiritual de la comunidad judía romana; usted ha asumido esta responsabilidad con su experiencia de estudioso y de médico, que ha compartido alegrías y sufrimientos de mucha gente. Le expreso de corazón mis mejores deseos para su misión, y le aseguro mi estima y mi amistad cordial, así como las de mis colaboradores”.
(…) Los apóstoles fueron judíos conversos. Los mismos apóstoles evangelizaron a los judíos. El Gran Mandato de Jesús (Mc. 16; Mt. 28) consistió en encomendarle a los apóstoles llevar el Evangelio a todo el mundo . Es un dogma que los judíos ( al igual que los otros no cristianos) no pueden salvarse sin el bautismo y la fe en Cristo.
Hechos 4, 12: “… en nombre de Jesucristo (…) pues ningún otro nombre nos ha sido dado bajo el cielo, entre los hombres, por el cual podamos ser salvos”.
Hechos 13, 45-46: “Pero viendo los judíos a la muchedumbre, se llenaron de envidia e insultaban y contradecían a Pablo. Mas Pablo y Bernabé respondían valientemente, diciendo: A vosotros os habíamos de hablar primero la palabra de Dios, mas puesto que la rechazáis y os juzgáis indignos de la vida eterna, nos volveremos a los gentiles”.
Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, sesión 8, 22 de noviembre de 1439, ex cathedra: “Todo el que quiera salvarse, ante todo es menester que mantenga la fe católica; y en que no la guardare íntegra e inviolada, sin duda perecerá para siempre. –Ahora bien, la fe católica es que veneremos a un solo Dios en la Trinidad, y a la Trinidad en la unidad, (…) El que quiera, pues, salvarse, así ha de sentir de la Trinidad.
“Pero es necesario para la eterna salvación creer también fielmente en la encarnación de Nuestro Señor Jesucristo (…) hijo de Dios, es Dios y hombre. (…) Ésta es la fe católica y el que no la creyere fiel y firmemente, no podrá salvarse”.Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, “Cantate Domino”, 1441, ex cathedra:
“[La Santa Iglesia romana] firmemente cree, profesa y predica que nadie que no esté dentro de la Iglesia católica, no sólo los paganos, sino también judíos o herejes y cismáticos, puede hacerse partícipe de la vida eterna, sino que irán al fuego eterno que está aparejado para el diablo y sus ángeles (Mat. 25, 41), a no ser que antes de su muerte se uniere con ella; y que es de tanto precio la unidad en el cuerpo de la Iglesia que sólo a quienes en él permanecen les aprovechan para su salvación los sacramentos y producen premios eternos los ayunos, limosnas y demás oficios de piedad y ejercicios de la milicia cristiana. Y que nadie, por más limosnas que hiciere, aun cuando derramare su sangre por el nombre de Cristo, puede salvarse, si no permaneciere en el seno y unidad de la Iglesia católica”.
3) Justificación de la condenación de Cristo:
Benedicto XVI, Jesús de Nazaret – Desde la Entrada en Jerusalén hasta la Resurrección, 2011, p . 19 9: “… sobre el ‘caso’ Jesús. (…) Según Juan, se reunieron conjuntamente los jefes de los sacerdotes y los fariseos, los dos grupos dominantes en el judaísmo en tiempos de Jesús, aunque hubiera discrepancias entre ellos sobre muchos puntos. Su preocupación común era: ‘Vendrán los romanos y nos destruirán ‘el lugar’ (es decir, el templo, el lugar sagrado de la veneración de Dios) y la nación’ (11, 48). Uno estaría tentado de decir que el motivo para proceder contra Jesús era una preocupación política, en la cual concordaban tanto la aristocracia sacerdotal como los fariseos, aunque por razones diferentes (…) Con todo, hay que ser cautelosos a la hora de condenar a la ligera la perspectiva ‘puramente política’ propia de los adversarios de Jesús. En efecto, en el ordenamiento hasta entonces vigente, las dos dimensiones –la política y la religiosa– eran de hecho absolutamente inseparables una de otra”.
Benedicto XVI claramente intenta exonerar a quienes fueron responsables por la muerte de Cristo (es decir, los judíos).
Hechos 3, 12-19: “Visto lo cual por Pedro, habló así al pueblo: Varones israelitas, ¿qué os admiráis de esto o qué nos miráis a nosotros, como si por nuestro propio poder o por nuestra piedad hubiéramos hecho andar a éste? (…) Vosotros negasteis al Santo y al Justo y pedisteis que se os hiciera gracia de un homicida. Disteis la muerte al autor de la vida, a quien Dios resucitó de entre los muertos, de lo cual nosotros somos testigos. (…) Dios ha dado así cumplimiento a lo que había anunciado por boca de todos los profetas, la pasión de su Cristo. Arrepentíos, pues, y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados…”.
Errores de Pedro Abelardo, condenados por Inocencio II, 16 de julio de 1140, #10: “No pecaron los que crucificaron a Cristo por ignorancia, y cuanto se hace por ignorancia no debe atribuirse a culpa”. – Condenado
4) Sobre que los judíos no mataron a Jesús
Benedicto XVI, Jesús de Nazaret – Desde la Entrada en Jerusalén hasta la Resurrección, 2011, p . 217: “Pero preguntémonos antes de nada: ¿Quiénes eran exactamente los acusadores? ¿Quién ha insistido en que Jesús fuera condenado a muerte? En las respuestas que dan los Evangelios hay diferencias sobre las que hemos de reflexionar. Según Juan, son simplemente ‘los judíos’. Pero esta expresión de Juan no indica en modo alguno el pueblo de Israel como al –como quizás podría pensar el lector moderno–, y mucho menos aún comporta un tono ‘racista’. (…) Esta expresión tiene en Juan un significado bien preciso y rigurosamente delimitado: con ella designa la aristocracia del templo”.
(…) La revelación divina, sin embargo, es clara al decir que los judíos fueron los responsables por la muerte de Cristo.
1 Tesalonicenses 2, 14-15: “Pues vosotros, hermanos, os habéis hecho imitadores de las iglesias de Dios que hay en Judea, en Cristo Jesús, pues habéis padecido de vuestros conciudadanos, lo mismo que ellos de los judíos, de aquellos que dieron muerte al Señor Jesús y a los profetas, y a nosotros nos persiguen, y que no agradan a Dios y están contra todos los hombres…”.
Hechos 10, 39: “Y nosotros somos testigos de todo lo que hizo en la tierra de los judíos y en Jerusalén, y de cómo le dieron muerte suspendiéndole de un madero”.
Hechos 2, 5, 22-23, 37-38: “Residían en Jerusalén judíos, varones piadosos, de cuantas naciones hay bajo el cielo, (…) Varones israelitas, escuchad estas palabras: Jesús de Nazaret, varón probado por Dios entre vosotros con milagros, prodigios y señales que Dios hizo por Él en medio de vosotros, como vosotros mismos sabéis, a éste, entregado según los designios de la presciencia de Dios, le alzasteis en la cruz y le disteis muerte (…) En oyéndole, se sintieron compungidos de corazón y dijeron a Pedro y a los demás apóstoles: ¿Qué hemos de hacer, hermanos? Pedro les contestó: Arrepentíos y bautizaos en el nombre de Jesucristo para remisión de vuestros pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo”.
Benedicto XVI admite que en el Evangelio de San Marcos, el “círculo de los acusadores” se amplía. Sin embargo, él (por supuesto) aun encuentra manera para no culpar a los judíos.
Benedicto XVI, Jesús de Nazaret – Desde la Entrada en Jerusalén hasta la Resurrección, 2011, pp. 217-218: “En Marcos, en el contexto de la amnistía pascual (Barrabás o Jesús), el círculo de los acusadores se amplía: aparece el ‘ochlos’, que opta por dejar libre a Barrabás. ‘Ochlos’ significa ante todo simplemente un montón de gente, la ‘masa’. No es raro que la palabra tenga una connotación negativa, en el sentido de ‘chusma’. En cualquier caso, no indica el ‘pueblo’ de los judíos propiamente dicho”.
Extracto basado en un artículo del Hno. Pedro Dimond OSB (www.vaticanocatolico.com)
Entrada previa relacionada: Sobre el Deicidio: “¿Quiénes mataron a Jesucristo?”


Y yo que creía que Benedicto era un mejor Papa. Que tristeza darme cuenta de los atropellos causados por aquellos que deberían defender las enseñanzas de nuestro Señor Jesucristo.
ResponderSuprimirDios nos tenga piedad y nos envie pronto ayuda celestial!
La autoría intelectual es la principal responsable. Esta autoría es de quienes presionan a quienes deciden las cosas porque conocen sus debilidades. A la vez son lo que continúan siendo: encubiertos movilizadores de la ignorancia, de esa suerte de coro que sirve a todo asqueroso ceremonial que condene a la Verdad. Esto fue lo que ocurrió en la plaza de Pilatos. ¿ Y el resto del pueblo que no asistio ni asiste a eso ?. Una parte no asistió por dudar. ¿ Y la otra ?. La otra por no ser enterada, no mezclarse con la chusma. Habría tantas especulaciones como especulaciones hay para querer justificar salirse del camino. Lo que no es una especulación es que en Cristo Jesús el Plan de Dios se cumplió. Tan así es hoy esto que resalta más que la Resurrección del Señor (Es lógico que así sea, pues quien siendo depósito de la Verdadera Fe podría dudar de la omnipotencia de Dios), la culpa. La culpa que muestra la Cruz con N. S. Jesucristo llama a que se diga sin mezquinarle a nadi nada: "Conviertanse y crean en el Evangelio".
ResponderSuprimirSi.Ciertamente, un papa esta sangrando y agrediendo a la Iglesia.
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