Por Emilio Nazar Kasbo (Abogado Especialista en Derechos Humanos UNLZ)
En una Newsletter de B'nai B'rith Argentina distribuida el día 20 de abril de 2010, dicha organización difundió la disertación del Profesor Iehuda Bauer en el que analiza la enseñanza del genocidio. Analizaremos el texto, citando las frases del orador en cursiva para distinguir sus dichos de los comentarios.

En la foto: Una imagen del filme “La Casa de las Alondras” o “El Destino de Nunik”, en que se muestra con crudeza episodios del sanguinario, cruento y despiadado genocidio islámico turco otomano contra los armenios que diera comienzo el 24 de abril de 1915 en el marco de la Primera Guerra Mundial, constituyéndose en el primer Genocidio científico de la Historia.
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SUFRIMIENTO EN GENOCIDIOS
- En su disertación, Bauer refirió que “el genocidio del pueblo judío perpetrado por la Alemania nazi y sus colaboradores, que comúnmente e incorrectamente llamamos Holocausto, es la forma más extrema de genocidio hasta hoy. No es el sufrimiento de las víctimas lo que hace que sea el caso más extremo: el sufrimiento no tiene gradaciones, y los judíos no sufrieron ni más ni menos que otras víctimas de otros genocidios. Tampoco es debido a la cantidad total de víctimas -quizá 5,7 o 5,8 millones- ni al porcentaje de judíos asesinados sobre el total de judíos en el mundo en ese momento: unos 17 millones. En el genocidio armenio, quizá 1 millón de armenios o más fueron asesinados o murieron como consecuencia de las atrocidades, es decir, más de un tercio de los armenios que vivían en Turquía. Entre 800.000 y 1 millón de tutsis fueron asesinados en Ruanda en 1994, y esa cifra representa el 90 por ciento de los tutsis que vivían en Ruanda en ese momento. Y en China, el Gran Salto Adelante, que constituyó un politicidio -el exterminio deliberado por motivos políticos, sociales o económicos- tuvo muchas más víctimas que el Holocausto”.
Cabe destacar que de las cifras divulgadas habitualmente referidas al genocidio armenio, se habla de un millón y medio, a los cuales se debieran sumar otros 300 mil de fines del Siglo XIX. Pero como bien dice el disertante, las cifras no son importantes, del mismo modo que habla de cifras no muy significativamente menores de judíos muertos durante el genocidio de la Segunda Guerra Mundial. Cabe destacar que el sufrimiento por la muerte no es distinto, pero el espectáculo en las calles de miles y miles de muertos, decapitados, torturados, masacrados… sí hace a una diferencia social, ya que cuando el Genocidio no se realiza en sitios apartados de la sociedad apenas llega a percibirse, pero cuando es en las calles, como en el caso armenio y tantos otros, implica un desquicio público inaudito. El hecho de que sea público y no silencioso, induce a la aceptación social de un hecho aberrante. Más allá de la opinión del disertante, un amigo de la colectividad judía húngara nacido en Goya, en la provincia de Corrientes, de apellido Kein, siempre que me encuentra hace la referencia de que el genocidio contra los armenios fue mucho más sanguinario y cruel que el de los nazis… una apreciación opuesta a la de Bauer.
El holocausto armenio a diferencia del judio no ha tenido tan buenos padrinos y aunque del primero, los soviets nada tuvieran que ver directamente: en su calidad de herederos del estado ruso y beneficiarios principales del resultado de la Segunda Guerra Mundial muicho se cuidaron al final de esta de quitarle importancia.
ResponderSuprimirAhora lo que no podemos ni debemos hacer es negar la existencia de uno y otro holocausto y del genocidio que lo ocasionó. Y tampoco uno y otro pueden ser minusvalorados.