31 de diciembre de 2009

Pensamientos para el último día del año

Como reflexión, nuevamente proponemos los conocidos "tres pensamientos para el último día del año" de Don Azcarate, O.S.B.

"Cada vez que el calendario nos trae, inexorable, esta fecha del 31 de diciembre, no pueden menos que preocupar al hombre pensador, y más todavía al fiel cristiano, estos tres graves pensamientos:

el tiempo pasa,
la muerte se acerca,
la eternidad nos espera.

Efectivamente:

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a. El tiempo pasa.

El presente año ha pasado como un soplo, y como él pasarán todos los que nos restan vivir, sean pocos, sean muchos; sean felices, sean desgraciados.

¿Qué se ha hecho de las penas y de los dolores? ¿qué de las alegrías locas y de los placeres de este año transcurridos?

Ni las penas ni las alegrías pasadas pueden ya volver. De ellas sólo queda el mérito de haber sufrido o gozado con conciencia pura y con alteza de miras, o, al revés, la responsabilidad de haberlo perdido todo por falta de espíritu cristiano.

El tiempo pasa para todos, este año ha pasado para todos, nadie ha podido detener el reloj. ¡Cómo hubiese deseado el gozador de la vida, el pecador disoluto, que no hubiesen pasado sus horas de placer, sus días y sus noches de miel! Sin embargo pasaron para no volver.

Ha pasado este año corriendo, volando; pero no ha pasado en vano. Muchos desearían que hubiese pasado sin dejar huella, como el vuelo del pájaro; que lo pasado, como dicen, quedará pisado, mas no es así. Todo el pasado queda sujeto al juicio de Dios.

*

b. La muerte se acerca.

La muerte galopa y se acerca de día en día para cada uno. A muchos, a innumerables, los ha alcanzado en este último año, y los ha alcanzado sorpresivamente. A muchos que hemos conocido sanos y alegres, en pocos minutos, o en pocas horas o en breves días, los hemos visto desaparecer.

Ni la edad, ni el bienestar, ni la dignidad, ni la ciencia, ni el vicio, ni la virtud respeta la muerte inexorable. Todos tenemos nuestro día señalado, como lo tuvieron los que nos han precedido este mismo año y los años anteriores. Desaparecieron en un abrir y cerrar de ojos, y de muchos de ellos no queda ni el recuerdo.

¡Tanto afán por vivir, para vivir tan poco y tan tristemente! ¡Tanto cuidarse del cuerpo y del vestido y del negocio y de la honra, para perderlo todo tan presto y tan sin remedio! ¡Tanto alardear de las riquezas, de la hermosura, de las simpatías, de la influencia, para quedar de súbito reducido a un cajón de podredumbre!

*

c. La eternidad nos espera.

Nada sería que el tiempo pasase y que la muerte se acercara, si con ello todo se acabara. Mas no es así. Al morir, el hombre no muere del todo: perece la materia, pero el espíritu perdura. El cuerpo vuelve al polvo del sepulcro, de donde brotó; pero el alma retorna a Dios, que la creó.

Todo lo que aquí es pasajero, todo fenece; sólo el alma sobrevive en este general cataclismo. Por eso el hombre, aunque muere, no muere para siempre, sólo cambia de vida: de la vida temporal pasa a la eterna, del tiempo a la eternidad.

¡La eternidad! ¡Qué realidad terrible! Muchos la niegan porque les convendría que no existiese; así sus vicios no tendrían ninguna sanción ultraterrena. Otros muchos, los más, no piensan en ella, porque no la comprenden. Mas ni por negarla ni por desconocerla, la eternidad deja de existir y de esperarnos.

Nada fuera que la eternidad existiese, si esta fuese para todos bienaventurada y feliz. Pero no es así. Hay dos eternidades: la eternidad del cielo, para premio, y la eternidad del infierno, para castigo. Hay, pues, un premio eterno y un castigo eterno. Así lo ha dispuesto Dios, y nada ni nadie podrán hacer que no sea así.

Si, pues, te espera una eternidad feliz ¡oh cristiano!, después de los sufrimientos de esta breve vida, ¿Por qué no la soportas con resignación y con una santa esperanza? Y si a ti también te espera la eternidad, pero una eternidad desgraciada, ¡oh pecador y gozador de la vida!, ¿por qué prefieres un placer sucio y fugaz a una eterna dicha?"

Apuntes del apocalíptico putimonio

Los enemigo de Dios y de la Patria, poderosos y envalentonados. Una Iglesia oficial, pusilánime y ambigua –cuando no errónea- como nunca antes. Entonces “vigilad y orad para no caer en tentación” (Mt. 26, 41), para que no nos arrastre la perversa marea de innumerables caras, bíblicamente anunciada. Pues sólo “el que perseverare hasta el fin, ése se salvará” (Mt 24,13). Mas “cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación.” (Lc. 21, 27). En cuanto a aquellos, “su risa se convertirá en llanto, su alegría en tristeza” (Cfr. St. 4,6).

La noticia: “Alex Freyre y José María Di Bello protagonizaron –recientemente- la primera “boda” gay de Latinoamérica en un registro civil de Ushuaia. Participaron de la ceremonia funcionarios provinciales y nacionales.Putimonio La ceremonia se mantuvo bajo absoluta reserva para evitar medidas judiciales que la frenaran. Fueron enviados por el Gobierno nacional a la capital fueguina a hacer un trabajo para el INADI y la gobernadora Fabiana Ríos autorizó el “casamiento”. Participaron de la ceremonia funcionarios nacionales y provinciales. Entre los presentes estaban Claudio Morgado, titular del INADI; María Rachid, asesora del INADI y presidente de la FALGBT (Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans), Leonardo Gorbacz ex diputado nacional (ARI-T.del Fuego) y actual secretario de Comunicación de la provincia.” Noticia: “Notivida” (extracto).

fabiana rios Fabiana Ríos (foto), la gobernadora que autorizó el putimonio, llegó a la “política” –mejor dicho, a la mafia que regentea el Régimen- de la mano del masón comunista Alfredo Bravo. Alfredo Bravo masón

Tal es su devoción que al asumir juró “por la memoria del maestre maestro Alfredo Bravo”. Alfredo Bravo

Bravo fue quien la presentó ante la “católica” Lilita Carrió, de la mano de quien llegó a la gobernación de Ushuaia.

la misa de carrio

Las “misas” de la casa de Carrió…

   «Las raíces de la apostasía moderna son el ateísmo científico, el materialismo dialéctico, el racionalismo, el laicismo y la masonería, madre común de todas ellas». Pío XII, Discurso a la Octava Semana de Formación Pastoral (24-07-58).

   “Entonces el Señor hizo llover sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego de parte de el Señor. Y arrasó aquellas ciudades, y toda la redonda con todos los habitantes de las ciudades y la vegetación del suelo”. Génesis 19, 24-25

   «Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre. Comían, bebían, tomaban mujer o marido, hasta el día en que entró Noé en el arca; vino el diluvio y los hizo perecer a todos. Lo mismo, como sucedió en los días de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, construían; pero el día que salió Lot de Sodoma, Dios hizo llover fuego y azufre del cielo y los hizo perecer a todos. Lo mismo sucederá el Día en que el Hijo del hombre se manifieste”. Lucas 17, 26-30.

Ver más en las entradas previas relacionadas: 1 Persecución oficial contra Mons. Martini – 2 Qué hay detrás de la ideología de la no discriminación - 3 Putimonio: sobre la “dura” condena de Bergoglio – 4 Las apocalípticas consecuencias del Régimen

28 de diciembre de 2009

Llamativas contradicciones

Comunión de rodillas La agencia Zenit ha publicado una entrevista a Mauro Gagliardi, ordinario de la Facultad de Teología del Ateneo Pontificio "Regina Apostolorum" de Roma y consultor de la Oficina de las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice.

En ella se realiza una apología de los cambios en la liturgia pontificia por parte del Papa Benedicto XVI. Puede leerse completa aquí.

Todos estos cambios son muy laudables en sí mismos (el camauro, el saturno rojo, la muceta con piel de armiño, el palio, el crucifijo, los momentos de silencio, algunas celebraciones ad Orientem, la Comunión distribuida a los fieles de rodillas y en la lengua).

Sobre este último tema, seguramente es más que bueno ver al Papa distribuyendo laComunión en la mano Sagrada Comunión a los fieles de rodillas y en la boca.

Extractamos la parte de la entrevista que hace referencia a este tema (resaltados nuestros) y luego formulamos una inquietud:

“…en lo que respecta a la manera de distribuir la Santa Comunión a los fieles, es necesario distinguir el aspecto de recibirla de rodillas del de recibirla en la lengua.

En la actual forma ordinaria del rito romano (o Misa de Pablo VI), los fieles tienen derecho a recibir la Comunión estando de pie o de rodillas.

Si el Santo Padre ha decidido dar la comunión de rodillas, pienso --obviamente ésta es sólo una opinión personal-- que considera esta manera más adecuada para expresar el sentido de adoración que debemos siempre cultivar ante el don de la Eucaristía.

Es una ayuda que el Papa da a los que reciben la comunión de sus manos, una ayuda para considerar atentamente a quién es Aquel al que se va a recibir en la santísima Eucaristía.

Basílica de San PedroPor otra parte, en la Sacramentum Caritatis, citando a san Agustín, el Santo Padre había recordado que al recibir el Pan eucarístico debemos adorarlo, porque pecaríamos recibiéndolo sin adoración.

Antes de comulgar, el mismo sacerdote se arrodilla ante la Hostia, ¿por qué no ayudar a los fieles a cultivar el sentido de adoración propiamente a través de ese gesto?

En lo referente, en cambio, a recibir la Comunión en la mano, se recuerda que esto es hoy posible en muchos lugares (posible, no obligatorio), pero que sigue siendo una concesión, una derogación a la norma ordinaria que afirma afirma que la Comunión se recibe sólo en la lengua. Esta concesión se les ha hecho a las Conferencias Episcopales que la han pedido y no es la Santa Sede quien la sugiere o promueve.

Y, por supuesto, ningún obispo miembro de la Conferencia Episcopal que ha pedido y obtenido el indulto está obligado a aplicarlo en su diócesis: todo obispo puede siempre decidir que en su diócesis se aplique la norma universal, que está vigente a pesar de todos los indultos concedidos, norma que establece que los fieles deben recibir la Santa Comunión en la lengua.

Si ningún obispo del mundo está obligado a aplicar el indulto, ¿cómo podría estarlo el Papa? Es importante, en efecto, que propiamente el Santo Padre mantenga la regla tradicional, confirmada ya una vez por Pablo VI, que veta a los fieles recibir la comunión en la mano…”

Ahora bien: quien haya visto por televisión la Misa Papal de “Nochebuena” en la Basílica de San Pedro ha podido ver que, mientras el Papa daba la Comunión de rodillas y en la boca a algunos fieles, las cámaras mostraban que los demás fieles la recibían de pie.

A la mayoría, lamentablemente, se la veía recibirla en la mano (y algunos con una sola mano, extendida “a distancia”, sin fijarse el ministro que varios se daban vuelta y se alejaban con la Hostia aún en la mano…).

Al leer en la entrevista ut supra que la comunión en la mano “sigue siendo una concesión, una derogación a la norma ordinaria que afirma afirma que la Comunión se recibe sólo en la lengua”… Y que “esta concesión se les ha hecho a las Conferencias Episcopales que la han pedido y no es la Santa Sede quien la sugiere o promueve”… Y además que “si ningún obispo del mundo está obligado a aplicar el indulto, ¿cómo podría estarlo el Papa?”… Pues, a menos que hayamos visto mal, nos parece que estamos ante una contradicción notoria y muy llamativa. Nos surgen, entonces, varias preguntas. Escribimos la primera, que surge naturalmente:

Si la Santa Sede no promueve la Comunión en la mano, si se dice que es sólo una concesión realizada a pedido de algunos episcopados, entonces: en una celebración papal como la mencionada, celebrada dentro de la diócesis del obispo de Roma - y en una Basílica papal-: ¿quién es, entonces, el que autoriza la Comunión en la mano en la Basílica de San Pedro?

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Tema relacionado: sobre el adelantamiento del horario de la Misa papal de Medianoche, Terzio ha realizado un interesante análisis en “Ex Orbe” (ver link).

“Nosotros matamos a Jesús”

CenáculoIsrael: Los judíos profanan la Iglesia del Cenáculo (foto) en Jerusalén, con orines y pintadas amenazantes: “Nosotros matamos a Jesús”.

Asia News”: ver noticia aquí y aquí.

Más puede verse aquí.

Esperamos ansiosos el repudio unánime de la prensa internacional y la fuerte condena del Vaticano. ¿Será así, P. Lombardi? ¿No? ¿Y por qué no…?

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Recomendado: otras linduras recientes de los “hermanitos mayores” pueden verse a partir de este post de "La Santa Alianza".

Tema relacionado: La postura católica hacia los judíos (“Iota Unum”)

Video sobre Abortos

Advertencia: las imágenes son muy fuertes. Publicamos el video para mostrar la realidad cruda del abominable crimen del aborto. Aclaración: hacemos hincapié en las imágenes  de los abortos, y no en la breve presentación y final del video. Fuente: Here´s the Blood.

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abortistas - comic _____

Noticias relacionadas: Denuncian y amonestan a docente por enseñar contra el aborto

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24 de diciembre de 2009

Música de Navidad

Música navideña (clásicos y populares) de distintos países del mundo.

Dedicado al amigo Crux

Bratislava Boys´ Choir: Adeste fideles

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Dulce Jesus Mío (Colombia)

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Hwelih Isho' (Cristo ha Nacido) Himno Caldeo

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Come All Ye (Adeste Fideles) En arameo-Caldeo

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Villancico Ruso (V lesu rodilas' yolochka)

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Antiguos Coplas y Villancicos españoles

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Stille Nacht (noche de Paz) Alemania

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Vienna Boy Choir : Adeste Fideles

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Regensburger Domspatzen - Oh du fröhliche

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Noch Tikha - Quiet Night. Russian kolyadka

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Bóg się rodzi - God is born by Mazowsze

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Celtic Woman-Ding Dong Merrily On High!

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Celtic Woman-Little Drummer Boy

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Mireille Mathieu - LES ANGES DANS NOS CAMPAGNES

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Buon Natale. Piccolo coro "Bianco Natale

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Christmas Pontiaka Greek

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Betelehemu - African Children's Choir

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Jasus Christ The Apple Tree

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Santa Iglesia Militante les desea una

Santa y Feliz Navidad

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Navidad: una alegría que no excluye a nadie

Navidad - Madonna con el Niño Jesús  Museo de San Marco  Fra Angélico

"Nuestro Salvador, carísimos, hoy ha nacido: Alegrémonos.

No es en verdad justo que nos entristezcamos en el día que nace la vida, la cual dando fin a todo temor de muerte, nos alegra con la promesa de la eternidad.

Esta alegría es para todos, y ninguno se debe creer excluido de ella.

Una misma es la causa de la común alegría.

Y es que siendo nuestro Señor el que ha venido para destruir el pecado y la muerte, así como a ninguno halló libre de culpa, así ha venido para librarnos a todos.

Por lo mismo, gócese el santo porque se acerca a la corona; alégrese el pecador, porque se le invita al perdón; anímese el gentil, porque es llamado a la vida.

Navidad - 1485 Maria im Graben, Klagenfurt Diözesanmuseum

Ya que el Hijo de Dios, llegada la plenitud de los tiempos ordenados por los inescrutables designios del divino consejo, tomó la naturaleza humana para reconciliarla con su autor, a fin de que el diablo, inventor de la muerte, fuera vencido por la misma que él había dominado."

(San León Magno, Papa. Sermón 1 de la Natividad)

Solemne anuncio de la Navidad del Señor

Navidad "En los Coros de las Catedrales y de los Monasterios, se canta hoy 24 de Diciembre, con pompa inusitada, en el Oficio de Prima, el anuncio oficial de la Navidad del Señor (“La Kalenda”), que trae el Martirologio" (Don Andrès Azcarate, O.S.B.) y que textualmente dice:

Anno a creatione mundi, quando in principio Deus creavit caelum et terram, quinquies millesimo centesimo nonagesimo nono; a diluvio autem, anno bis millesimo nongentesimo quinquagesimo septimo; a nativitate Abrahae, anno bis millesimo quintodecimo; a Moyse et egressu populi Israel de Aegypto, anno millesimo quingentesimo decimo; ab unctione David in Regem, anno millesimo trigesimo secundo; Hebdomada sexagesima quinta, juxta Danielis prophetiam; Olympiade centesima nonagesima quarta; ab urbe Roma condita, anno septingentesimo quinquagesimo secundo; anno Imperii Octaviani Augusti quadragesimo secundo, toto Orbe in pace composito, sexta mundi aetate, Jesus Christus, aeternus Deus aeternique Patris Filius, mundum volens adventu suo piissimo consecrare, de Spiritu Sancto conceptus, novemque post conceptionem decursis mensibus (Hic vox elevatur, et omnes genua flectunt), in Bethlehem Judae nascitur ex Maria Virgine factus Homo. Nativitas Domini nostri Jesu Christi secundum carnem.

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En el año 5199  de la Creación del mundo,

cuando al principio creó Dios el cielo y la tierra;

en el 2957 del diluvio; en el 2015 del nacimiento de Abrahán;

en el 1510 de Moisés y de la salida del pueblo de Israel de Egipto;

en el 1031 de la unción del rey David;

en la semana 65 de la profecía de Daniel;

en la Olimpíada 194; en el año 752 de la fundación de Roma;

en el 42 del imperio de Octavio Augusto;

estando todo el orbe en paz;

en la sexta edad del mundo:

Jesucristo, Dios eterno e Hijo del eterno Padre,

queriendo consagrar al mundo con su misericordiosísimo Advenimiento,

concebido por el Espíritu Santo,

y pasados nueve meses después de su concepción,

nació, "hecho Hombre, de la Virgen María, en Belén de Judá",

(Se arrodillan todos los circunstantes, y prosigue el cantor en tono más agudo):

"Navidad de N. Señor Jesucristo según la carne".

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Posts navideños

Navidad_ Algunas entradas previas relacionadas a la Navidad:

EPIPHANIA

O ADMIRABILE COMMERCIUM

EL SOL QUE ILUMINA LAS TINIEBLAS

ANA CATALINA EMMERICH: VISIÓN DE LA NAVIDAD

NAVIDAD Y COMBATE

Para ver las entradas navideñas posteriores y la totalidad pulsar en NAVIDAD

El Rabinato de Israel no quiere ver símbolos navideños

Rabinos

EFE (24-12-09) “El Rabinato de Israel ha declarado la guerra a los objetos decorativos navideños, que considera hieren las sensibilidades de parte de la población del país de mayoría judía, y recomienda a hoteles y restaurantes retirarlos de zonas públicas.

En lo que para muchos es Tierra Santa, el lugar donde Jesús dio sus primeros pasos, predicó su mensaje y fue crucificado, los abetos, bolas, guirnaldas, lazos de colores, belenes y Santas que conmemoran su nacimiento, parece que tienen los días contados.

"Pensamos que se trata de una buena recomendación para los propietarios de hoteles y lugares de ocio a fin de impedir inconvenientes a muchos huéspedes judíos", declaró a Efe el rabino Oded Weiner, director general del Rabinato de Israel.

"Creemos que a algunos judíos ultra-ortodoxos les molestan los ornamentos porque de alguna manera son símbolos cristianos vinculados a la Navidad y sienten que tras siglos en que el pueblo judío no tuvo un hogar, ahora en Israel continúan en el exilio", afirmó el rabino Wiener al explicar la decisión.

El Rabinato es la máxima autoridad religiosa judía y rige sobre los usos y costumbres civiles ostentando prácticamente un exclusivo monopolio sobre la legislación marital y de divorcio, enterramientos, asuntos relacionados con la alimentación y conservación de productos o incluso en materia agrícola.”

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¿Se les pedirán retractaciones, aclaraciones, etc.? ¿Se encargará el padre Lombardi de pedirlas…? He aquí los mentores de la “libertad religiosa”!

“La Argentina es católica!”

janukaBuenosAires5

Frase “La Argentina es Católica” pintada detrás del candelabro judío de Januca de Jabad Lubavitch ubicado en el boulevard central de la Av. 9 de Julio y Santa Fe en Buenos Aires.

Corresponde al post Reparación de afrentas.

Por si no se había visto bien la fotografía…

Persecución oficial contra Mons. Martini

Tras la carta firmada por el obispo de San Justo, Mons. Baldomero Carlos Martini juntamente con su obispo auxiliar, Mons. Damián Santiago Bitar, oponiéndose al llamado “matrimonio homosexual”, dirigida a los legisladores argentinos, el gobierno, a través del INADI, ha denunciado al obispo por discriminación. Publicamos el informe de Noticias Globales.

Mons Baldomero Martini

Foto: Mons. Baldomero Martini, Obispo de San Justo

Mons. Baldomero Martini, obispo de San Justo (Pcia. de Buenos Aires) enfrenta una denuncia por discriminación a raíz de una carta que dirigió, el 4 de noviembre pasado, a la Cámara de Diputados de la Nación, en la que expuso la doctrina católica ante los intentos de legalización del mal llamado “matrimonio” homosexual.

Denunciado ante el INADI (Instituto Nacional contra la discriminación, la xenofobia y el racismo), Mons. Martini respondió enérgicamente acusando a ese organismo oficial de impedir predicar la doctrina cristiana. Es la segunda vez que la inquisición gay actúa contra un obispo en Argentina, (vid NG 755).

La carta a la Cámara de Diputados

En la carta a la Cámara de Diputados, sobre los proyectos referidos a la pretensión de legalizar las uniones del mismo sexo con el status jurídico del matrimonio, el obispo de San Justo y su obispo auxiliar, Mons. Damián Santiago Bitar, afirman que “resulta obvio decir que cada cosa diferente debe tener su propia denominación. Por ejemplo, no se puede llamar perro indistintamente al gato y al perro; puesto que son dos animales diferentes. Ambos son mamíferos, vertebrados y cuadrúpedos, pero ¿qué duda cabe que un perro es un perro y un gato es un gato?, son dos realidades diferentes. Con relación a estos proyectos de ley, nos vemos en la obligación de explicar a los diputados firmantes de los mismos que, así como un perro no es un gato ni viceversa, la unión estable de un varón y una mujer abierta a la vida -desde siempre conocida como matrimonio, que deriva del latín matri munus, o sea “el oficio de la madre”-, es algo completamente diferente a cualquier otro tipo de unión con connotaciones sexuales. En las convivencias homosexuales va de suyo que no hay madre posible, ni nadie que realice su misión, tampoco hay marido ni mujer, no hay esposos, no hay hijos... En síntesis, no hay nada que tenga que ver con el matrimonio”. (…)

Continúan los obispos diciendo: “El bien común depende de las familias fundadas en verdaderos matrimonios. Y es esa función insustituible de bien común, la que justifica la regulación especial y privilegiada del matrimonio y la familia. En cambio, las uniones del mismo sexo, no sólo no edifican el bien común, sino que lo dificultan seriamente. Significan por definición: menos matrimonios, menos hijos, menos familias. Si ese efecto negativo fuera promovido por las leyes, ya no se podría hablar de “bien” común, sino que habría que calificarlo como una legislación que promueve el “mal común”. Lamentablemente debemos constatar que estamos en presencia de una decadencia moral, que cuando es profunda y estable, termina afectando la capacidad de percibir la realidad tal cual es. Por lo tanto, el bien común exige no legalizar ni promover estas uniones antimatrimoniales”.

Ni matrimonio ni uniones civiles

Mons. Martini y su obispo auxiliar, también refutan en la carta los argumentos utilizados para atentar contra el orden natural legislando sobre el “matrimonio homosexual”. Los argumentos esgrimidos por los obispos también son válidos frente al error malminorista de los que pretenden conformar al homosexualismo político con la inicua figura jurídica de las “uniones civiles”, aunque el lobby gay ya declaró que pretenden los mismos nombres y los mismos derechos, es decir, el mismo régimen que el verdadero matrimonio, incluyendo la adopción.

Ni razones de seguridad social, ni aquellas que hacen referencia a la adquisición y disposición de los bienes, justifican la legalización de uniones antinaturales. Todos los ciudadanos están protegidos por la legislación general que les garantiza esos derechos, dicen los obispos.

Recordamos que los homosexuales pretenden derechos especiales. La orientación sexual no crea derechos. (Vid. Declaración de la Santa Sede de 2006 en la ONU, NG 777)

Los obispos también recuerdan a los diputados que a todos nos juzgará el Justo Juez y que en el Juicio Universal, “no habrá inmunidad parlamentaria que valga”.

El Inadi Mata

EL INADI ES EL QUE MATA…

La denuncia y la respuesta del obispo

El 5 de noviembre, un particular denunció ante el INADI que “las declaraciones del eclesiástico en referencia al matrimonio de personas del mismo sexo resultan ser altamente discriminatorias”. El INADI aceptó la denuncia y emplazó al obispo a que en el término de 10 días ofrezca su descargo.

Mons. Martini respondió que el INADI es “un organismo de tercera o cuarta categoría”, que incurrió en “una flagrante violación al tratado de derecho internacional público suscripto entre la República Argentina y la Santa Sede”, que garantiza la predicación de la doctrina católica a todos los obispos y autoridades eclesiásticas. Martini reclamó además que “se tomen las medidas pertinentes, también contra los funcionarios del INADI que resulten responsables de tal violación”.

En la respuesta al INADI, el obispo afirma: “Que mis palabras se enmarcan en la enseñanza de la Iglesia es una verdad de Perogrullo. Basta leer en la Sagrada Biblia, tanto en el Antiguo Testamento, donde en el primer libro, el Génesis, se menciona la destrucción, por mano divina, de las ciudades de Sodoma y Gomorra, por la práctica de la homosexualidad por parte de sus habitantes. En el Nuevo Testamento son también muchas las referencias al tema, entre ellas las expresiones de San Pablo en la Carta a los Romanos. Pasando a textos más recientes del Magisterio Universal de la Iglesia, menciono el Catecismo de la Iglesia Católica (n° 2357 a 2359), y los documentos emanados de la Congregación para la Doctrina de la Fe, titulados: Carta sobre la atención pastoral a las personas homosexuales, del 1° de octubre de 1986; Algunas consideraciones concernientes a la Respuesta a propuestas de ley sobre la no discriminación de las personas homosexuales, del 23 de julio de 1992; y Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales, del 31 de julio de 2003. Ofrezco como prueba de mis dichos, todos estos documentos, que prueban de modo indubitado, que las declaraciones que se me atribuyen, no son otra cosa que una divulgación de la doctrina de la Iglesia Católica”, y, citando al Catecismo de la Iglesia Católica n° 2358, dice: “‘Un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales profundamente radicadas. Esta inclinación, objetivamente desordenada, constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta’. Va de suyo que hay discriminaciones que son justas. Por ejemplo, un ciego no puede pretender ser el arquero de la selección nacional de fútbol; y si lo pretendiera, no se le debería permitir tal deseo, sin que tal impedimento pueda ser calificado de ‘discriminatorio’”.

Vid. NG, La Inquisión gay, 841, 847, 872, 877, 880, 902, 954, 966, 978, entre otros.

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Entrada Previa Relacionada: Qué hay detrás de la ideología de la no discriminación

El aclarador oficial

Lombardi O “cómo ser lo suficientemente ambiguo como para caer bien a todos” (especialmente a sus “hermanos mayores”)…

VIS (23-12-09) “El director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, padre Federico Lombardi, S.I., (foto) dio a conocer hoy la siguiente nota sobre la firma del decreto sobre las virtudes heroicas del Siervo de Dios Pío XII.

"La firma por parte del Papa del decreto "sobre las virtudes heroicas" de Pío XII ha suscitado diversas reacciones en el mundo judío, probablemente porque se trata de una firma cuyo significado está claro en el ámbito de la Iglesia católica y de los "expertos en materia", y merece una explicación para un público más amplio, en particular el judío, comprensiblemente muy sensible por cuanto respecta al período histórico de la Segunda Guerra Mundial y del Holocausto".

Cuando un Papa firma un decreto sobre las "virtudes heroicas" de un Siervo de Dios (...) confirma la valoración positiva que la Congregación para las Causas de los Santos ya ha votado. (...) Naturalmente se tienen en cuenta en esta valoración las circunstancias en las que ha vivido la persona; es necesario, pues, un atento examen desde el punto de vista histórico, pero la valoración se refiere esencialmente al testimonio de vida cristiana que ha dado esa persona (su intensa relación con Dios y la continua búsqueda de la perfección evangélica) (...) y no la valoración del alcance histórico de todas sus decisiones operativas".

Con motivo de la beatificación de Juan XXIII y Pío IX, Juan Pablo II decía: "La santidad vive en la historia y todo santo no se sustrae a los límites y condicionamientos propios de nuestra humanidad. Beatificando a uno de sus hijos, la Iglesia no celebra las opciones históricas particulares que haya efectuado, sino más bien lo indica para la imitación y la veneración por sus virtudes en alabanza de la gracia divina que resplandece en ellas".

Con esto no se pretende limitar en absoluto la discusión sobre las opciones concretas que llevó a cabo Pío XII en la situación en que se encontraba. Por su parte, la Iglesia afirma que se efectuaron con la pura intención de desarrollar lo mejor posible el servicio de altísima y dramática responsabilidad del pontífice. En cualquier caso, la atención y la preocupación de Pío XII por el destino de los judíos -algo que ciertamente es relevante para la valoración de sus virtudes- son ampliamente reconocidas y atestiguadas también por numerosos judíos.

"Por tanto, sigue estando abierta también en el futuro la investigación y la valoración de los historiadores en su campo específico. Y en el caso concreto se comprende la petición de tener abiertas todas las posibilidades de investigación sobre los documentos. (...) Para la apertura completa de los archivos -como ya se ha dicho otras veces- es necesario el ordenamiento y la catalogación de una gran cantidad de documentos, que exige un tiempo técnico de varios años".

Por lo que respecta al hecho de que los decretos sobre las virtudes heroicas de los Papas Juan Pablo II y Pío XII hayan sido promulgados el mismo día, no significa un "acoplamiento" de las dos causas a partir de ahora, ya que son totalmente independientes y cada una seguirá su propio camino. Por tanto, no hay ningún motivo para pensar en una eventual beatificación contemporánea.

"Está claro que la reciente firma del decreto no hay que interpretarla como un acto hostil contra el pueblo judío y es de desear que no sea considerada un obstáculo en el camino del diálogo entre el judaísmo y la Iglesia católica. Es más, se espera que la próxima visita del Papa a la Sinagoga de Roma sea una ocasión para reafirmar y consolidar con gran cordialidad estos vínculos de amistad y de estima".

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Leyendo esto, hacemos nuestras las palabras de Terzio:

“Confieso que me da pena que por cada rabino que rabia no salgan diez obispos que les manden callar.”

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Entradas previas relacionadas:

Críticas judías por Pío XII (y afines) 

Juan Pablo II y Pío XII – Venerables Modo Ordinario y Extraordinario

Link externo recomendado:

 El persistente complejo judío (Ex Orbe)

Qué hay detrás de la ideología de la no discriminación

A propósito de la pretendida igualdad jurídica de las uniones matrimoniales y homosexuales
discriminaciónPor Juan Carlos Monedero (h)

“¿No pertenece a la esencia de la verdad,
justamente lo opuesto a su esencia?
(…) ¿no tiene entonces que retomar
la hasta ahora omitida no esencia de la verdad,
la no verdad, y admitirla expresamente
en la esencia de la verdad?
¡Evidentemente!”
Martín Heidegger.

Introducción
  
Nos proponemos descifrar el oscuro párrafo heideggeriano y probar su conexión con lo sucedido en nuestro país recientemente. Motivan nuestras reflexiones los conocidos sucesos en torno a la petición formulada por dos homosexuales para que se los autorice a contraer matrimonio, las presiones de los diferentes organismos que encarnan el lobby “gay” –eufemismo utilizado para volver simpáticos ciertos comportamientos–, así como las diferentes respuestas que, particularmente dentro del campo católico, se opusieron a estas prácticas. La pretensión de lograr la igualdad jurídica entre quienes practican la contranatura y los verdaderos matrimonios está fundamentada, como se sabe, en la ideología de la no discriminación. A su vez, esta “no discriminación” se presenta como ligada, de forma necesaria, con el planteo de los derechos humanos.
 
   Como es de público conocimiento, este planteo derecho-humanista no sólo es falso por aquellos «derechos» que pretende imponer; no sólo es pernicioso por el contenido de los derechos declamados, sino –principalmente– por colocar la cuestión precisamente donde no debe hacerlo: por omitir y por ende negarse a hablar de los derechos de la Verdad, del Bien y, en última instancia, de Dios. El planteo derecho-humanista favorece el egoísmo y el individualismo más descarnados. Cuando el hombre olvida o desconoce, primero, sus deberes, invierte así la noción de justicia –dar a cada uno lo suyo– para que entonces justicia signifique “denme a mí lo mío”. Son los deberes los que engendran derechos y no los derechos, los que engendran deberes; si el deber engendra un derecho, tenemos una concepción política en donde prima el bien común. Si no es así, tendremos una concepción donde lo primero sea el interés: los hombres incomunicados entre sí por lazos de deberes y sólo comunicados por derechos.

   La filiación ideológica de estos errores no puede ser más oscura. La primera declaración de “los Derechos del Hombre” nace con la Revolución Francesa, adalid de naturalismo y el optimismo rousseauniano. Dice Calderón Bouchet:
El discurso revolucionario coloca al individuo frente a la sociedad como si esta última fuera una agrupación benéfica ante la que hay que reclamar todo cuanto nos hace falta. (…) Basta, para esta ocasión, recordar que todos esos errores nacen de la concepción del contrato social, por el cual la asociación civil se equipara a una asociación comercial”[1].
   Al amparo de estos males –y no de nobles preocupaciones por la equidad en el trato de personas diferentes– que nace la ideología de la no discriminación, la cual pretende que toda discriminación, en sí misma, es mala; hablar de “varones” y “mujeres”, mencionar que existen comportamientos “contra la naturaleza” equivaldría, para esta ideología, a un acto discriminatorio, ilegítimo, que debe ser penado por la ley y condenado por la opinión pública.

   En esta oportunidad, dando por supuesto que el lector conoce los hechos sucedidos en torno al intento –por ahora fallido– de obtener el reconocimiento legal del matrimonio entre personas del mismo sexo, así como el carácter sofístico, engañoso y perjudicial de las ideologías mencionadas, queremos profundizar hasta llegar, si fuera posible, a aquello que está detrás de la ideología de la no discriminación, a su verdadero objetivo: aquello que realmente buscan quienes promueven esta guerra a la naturaleza humana y por ende al Autor de la naturaleza.

Cómo entra la cuestión de la tolerancia
  
Pero antes ahondemos una cuestión que, pareciendo diferente y lejana a la que comentamos arriba, no lo es.
   Es sabido que el error disimulado y sutil es mucho más dañino que el desembozado. El error evidente mueve rápidamente a levantar la guardia, mientras que las teorías más capciosas son de una más difícil refutación. Pero, a pesar de esto, el peor de los males sigue siendo la coexistencia pacífica de la “verdad” con el error, de lo “bueno” con lo malo. Las comillas no son errata.

   Servirán para abrir el fuego las palabras de Ernest Hello, gran apologista católico, que alertaba –en pleno siglo XIX– sobre uno de los grandes errores del momento: la tolerancia, y específicamente la tolerancia para con el error por parte de quienes profesan, o dicen profesar, la verdad. Enseguida veremos la relación que tienen estas palabras con el tema de la no discriminación.

   Hoy día, como en el siglo XIX, esta tolerancia para con lo falso se cubre con bellas y –por lo mismo– engañosas palabras:
se vuelve el nombre de la caridad contra la luz siempre que, en vez de aplastar el error, pacta con él, so pretexto de conducirse prudentemente con los hombres. Se vuelve el nombre de la caridad contra la luz cuantas veces se le emplea para flaquear en la execración del mal”.
   Y por esto, no queda otra alternativa que torcer las palabras para que ya no signifiquen lo que deben, sino primero cualquier cosa y, finalmente, incluso lo contrario de su significado original.
el hombre se ablanda en presencia de la debilidad que quiere invadirle, cuando ha adquirido el hábito de llamar caridad al universal acomodamiento con toda debilidad aún lejana”.
   Hello, con excelente psicología y espiritualidad, detectaba la motivación interna de esta actitud:
la ausencia de horror para con el error, para con el mal, para con el infierno, para con el demonio, esta ausencia parece que llega a ser una excusa para el mal que uno en sí lleva. Cuando menos se detesta el mal en sí mismo, más se prepara un medio de excusar el que se acaricia en la propia alma”[2].
   Veamos ahora qué implica la tolerancia para todo, la tolerancia irrestricta, y sus efectos en las inteligencias que son tocadas por ella.

   El sentido común afirma que lo normal y esperable es que cada persona que sostiene una postura pretenda que la misma sea verdadera, aunque objetivamente no lo fuese. Cuando hablamos, pretendemos decir cosas verdaderas aún cuando podamos equivocarnos, o cuando de hecho estemos equivocados. Esto es lo natural, incluso en quien está en el error, o en quien dice una mentira: el que miente, expresa palabras que pretende que sean tenidas por verdaderas –sin serlo– por quien lo escucha. Pero hay algo más grave que el hecho de sostener enfáticamente una mentira, y es sostener que la pretensión de verdad no tiene sentido:
En cualquier esquina podemos encontrar un hombre pregonando la frenética y blasfema confesión de que puede estar equivocado. Cada día nos cruzamos con alguno que dice que, por supuesto, su teoría puede no ser la cierta. Por supuesto, su teoría debe ser la cierta, o de lo contrario, no sería su teoría”[3].
   Lo corriente es que toda tesis tienda a rechazar a aquella que se le opone; proceder de esta forma es lógico y sano, pues los contradictorios no pueden ser simultáneamente verdaderos. Esta pretensión de verdad de todas las afirmaciones –incluso de las más inocentes e insospechadas de componente ideológico– las vuelven “exclusivas y excluyentes”, es decir, las vuelven sostenedoras de su tesis y adversarias de las tesis opuestas. Esto es, en principio, lo normal.

   Si el error, no por virtudes propias sino por una obvia coherencia del discurso, pretende exclusividad, cuánto más –y cuán legítimamente– la verdad debe exigir lo mismo. Lutero, por ejemplo, no sólo buscaba la divulgación de su herejía sino que además –con lógica, pero sin verdad– buscaba aplastar aquellas tesis opuestas a la suya. Equivocado, sin duda, pero guardaba para su tesis la coherencia propia de la verdad: la exclusividad y la intolerancia para con lo que él juzgaba erróneo.

   Hemos mencionado el vocablo clave, convertido por lo general en mala palabra para los oídos de la gente. Se ha condenado una palabra y se ensalza por el contrario a su antónimo, a la tolerancia. El culto a la tolerancia no es sino aquella postura que propone la búsqueda de una pretendida convivencia pacífica del error para con la verdad; claro está, siempre y cuando se admita la existencia de la verdad y del error, porque hoy día –por lo general– quienes declaman tolerancia ni siquiera entran a opinar en esos temas: las cuestiones magnánimas, presentes en los hombres de todos los tiempos, les son absolutamente indiferentes.

   Nuevamente, al hablar de la convivencia de la “verdad” con el error, hemos usado las comillas, y esto porque arriesgamos a decir –por escandaloso que parezca– que la verdad sin intolerancia no es verdad.

   En el tema que nos ocupa -la cuestión de la ideología de la no discriminación y sus verdaderos objetivos-, verdad equivale a naturaleza, mientras que error equivale a contranaturaleza. Al respecto del intento de brindar el nombre de “matrimonio” a tales uniones ilegítimas, fue astutamente falaz la invitación a aceptarlo con el argumento que el mismo “no volvía la homosexualidad obligatoria” sino solamente reconocía su carácter “opcional”, protegiéndola con la fuerza de la ley. Pero ¿acaso no nos están pidiendo que toleremos entonces, junto al modelo natural y recto, las coyundas entre invertidos? Exactamente. No se nos pide que lo practiquemos, ni siquiera que lo aprobemos: únicamente se nos pide –se nos exige– que lo toleremos.

   Aquí se da el mismo efecto destructor que comentábamos: cuando la naturaleza tolera la contranaturaleza, no puede sino ir perdiendo su carácter exclusivo y volverse “una alternativa más” y no “la alternativa” a la hora de descubrir el verdadero sentido, origen y finalidad de la sexualidad humana.

   Insistimos en lo engañoso del argumento que pretende suavizar la peligrosidad de esta petición: a primera vista se advierte con facilidad que no vuelve obligatorio el comportamiento homosexual. Pero eso ya era obvio. La cuestión de fondo es otra: el hecho que un comportamiento ilegítimo cuente con la protección de la ley provocará –como efecto necesario– confusiones y errores en el común de la gente, ya anestesiado, hasta hacer admitir bajo la palabra matrimonio tanto la unión entre “papá y mamá” como “mamá y mamá” o “papá y papá”, aunque la palabra matrimonio provenga de la palabra matriz.

La palabra «matrimonio»

   Pero ¿por qué buscan que se admita a la unión que ellos fomentan bajo el término matrimonio? ¿Acaso no podría pensarse o inventarse otra palabra? ¿No les basta hacer lo que quieren, al margen de todo código moral? ¿Es que necesitan un reconocimiento público y oficial de que su comportamiento no choca con nada? Respuesta: sí. Pero además de esto, que podría ser motivo de observaciones psicológicas y éticas, se encuentra la cuestión objetiva, el fondo y verdadero fin de la ideología de la no discriminación: el vaciamiento del significado de las palabras, para obtener deliberadamente la ruptura de la capacidad del discernimiento en las inteligencias.

   Como reseñó el boletín Notivida el 9 de noviembre de 2009, María José Lubertino –vaya nombre para la destructora de la familia humana, imagen de la Sagrada Familia–, hoy ex titular de la INADI, se expresó según términos que facilitan comprender el tema. Ella “destacó que al Plan Nacional contra la Discriminación adhirieron 21 provincias y que ese Plan tiene un acápite que contempla la no discriminación por orientación sexual; en este acápite, dijo, está la unión de homosexuales, aunque no prevé que sea «matrimonio», denominación que ella considera «sustantiva»”.
 
   Veamos qué está diciendo, en realidad, Lubertino. Astutamente advierte qué importante es tomar el control de la palabra y refugiar bajo su paraguas tanto la verdadera familia como las uniones contra la naturaleza. Aquí, sustantiva debe entenderse como no negociable, como objetivo principal, el cual –de no lograrse– implicaría la derrota.[4]

   En el mismo sentido, evidenciando un conocimiento superior de la importancia de la guerra semántica, Antonio Poveda –Presidente de la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales de España– dijo:
Tiene que ser matrimonio, lo contrario es discriminatorio” [5].
   Pero veamos por qué los inescrupulosos Lubertino y Poveda buscan apropiarse de esta denominación y lograr la cobertura legal de las uniones homosexuales al amparo de este vocablo y no de otro.

   ¿Es tan importante la palabra matrimonio? ¿No son acaso cuestiones de palabras, pero no de cosas? ¿No podría valer lo mismo cualquier otra palabra? ¿Acaso nosotros estamos discutiendo palabras? ¿Es tan importante?

   Absolutamente.

   Tanto por el fundamento que la importancia de la palabra tiene, como por el interés de los enemigos –mucho más atentos a los matices de las cosas que nosotros–, es fácil darse cuenta cuánta entidad tiene el control de un vocablo. Las palabras significan cosas y cada una de ellas contiene, en sí misma, una capacidad de influir directa sobre las mentes:
Esta vía de influencia mental es tan real y tan profunda, que ha podido decirse que quien posea el arte de manejar las palabras poseerá la de manejar los espíritus. Su influencia será cada vez mayor a medida que las generaciones nazcan ya en el seno de un lenguaje manipulado y «dialectizado»”[6].
   ¿Qué es lo que sucede cuando una misma palabra ya no significa única y exclusivamente una cosa sino que, también, puede significar otra (en este caso, su contrario)? ¿Qué ocurre si esto sucede? Se da aquí, entonces, la funesta tolerancia y coexistencia de la verdad con el error, al amparo del mismo techo.

   La tolerancia de la verdad para con el error es lo que comienza a ablandar y a suavizar, lenta pero inflexiblemente, la doctrina.

   La tolerancia de la verdad para con el error, la tolerancia de “lo bueno” para con lo malo y de “lo bello” para con lo feo, debilita, desmoraliza y desanima las almas de quienes viven el verum, el bonum y el pulchrum con toda la intensidad que se requiere. Si el mismo término –«matrimonio»– comienza a significar, indistintamente, tanto una realidad natural como otra contra la naturaleza, en el imaginario colectivo la norma que termine autorizándolo tendrá como efecto desdibujar y si fuera posible aniquilar la diferencia entre lo natural y lo antinatural, pues “la misma” palabra significa las dos cosas.

   Y donde no hay límite que distinga todo está permitido, porque no hay nada que discrimine aquello permitido de aquello no-permitido.

   La coexistencia pacífica de lo natural con lo antinatural es la muerte de la naturaleza. Advirtiendo ya el problema, en pleno siglo XIX, el Cardenal Pie abría sus páginas –en su sermón La intolerancia doctrinal– con esta sentencia que puede aplicarse perfectamente a nuestro tema:
Condenar la verdad a la tolerancia es forzarla al suicidio”.
   Y decía, entonces, desde el púlpito:
La afirmación se aniquila si ella duda de sí misma, y duda de sí misma si permanece indiferente a que la negación se coloque a su lado. Para la verdad, la intolerancia es el anhelo de la conservación, el ejercicio legítimo del derecho de propiedad. Cuando se posee, es preciso defenderse, bajo pena de ser en breve totalmente despojado”.
   La verdad es de por sí un límite; ella divide, marca un trazo y separa del error. Cuando la verdad no separa del error, no es verdad. Cuando el bien no lucha contra el mal, no es bien. Cuando la belleza no se opone a lo fealdad, no es belleza:
Quienquiera que ama la verdad aborrece el error y este aborrecimiento del error es la piedra de toque mediante la cual se reconoce el amor a la verdad. Si no amas la verdad, podrás decir que la amas e incluso hacerlo creer a los demás, pero puedes estar seguro de que, en ese caso, carecerás de horror hacia lo que es falso, y por esta señal se reconocerá que no amas la verdad”[7].

La “no-discriminación” relacionada con la cita de Heidegger
  
La tolerancia de la verdad y de la naturaleza para con el error y lo antinatural se convierte, pues, en la muerte de la verdad y de la naturaleza, ya que al admitir en su seno lo contradictorio –en nuestro caso, lo que no es matrimonio– admite por lo mismo en su interior a la nada.

   Entre la verdad y el error no cabe un término medio. Pero si la misma palabra se usa para dos cosas opuestas, tanto el ser como la nada son admitidos simultáneamente; ambos son hechos propios, a ambos le son abiertas las puertas. Pero abrirle las puertas a dos posturas, al mismo tiempo, es considerado por todos como un signo de su carácter complementario, y no como un signo de su carácter opuesto.

   Si a dos posturas contradictorias se las admite en el mismo recinto, bajo la misma denominación, ésto es un signo tácito de que ellas “no son” contradictorias.

   Pero si no son contradictorias, si la verdad y el error ya no se oponen invenciblemente, si el ser y la nada ya no son inconciliables, entonces se da precisamente el error hegeliano: la identidad entre el ser y la nada, la identidad entre lo diferenciado y lo no-diferenciado, la identidad de los contradictorios. Error en que cae Hegel y más tarde Heidegger.
   “¿No pertenece a la esencia de la verdad, justamente lo opuesto a su esencia? (…) ¿no tiene entonces que retomar la hasta ahora omitida no esencia de la verdad, la no verdad, y admitirla expresamente en la esencia de la verdad? ¡Evidentemente!”.
   Contemplamos así el quiebre de la capacidad de discernimiento de la inteligencia humana, pues ya no hay línea que divida y distinga la verdad del error, lo bueno de lo malo, lo bello de lo feo, la naturaleza de la contranatural; en última instancia, el ser de la nada:
La mezcla de la verdad y el error produce, en boca del mundo, efectos desastrosos. Da a la verdad apariencia de error y al error apariencia de verdad. Hace participar a aquél del respeto que a aquélla se debe”[8].
   Esto es lo que hay detrás de la ideología de la no discriminación. Veámoslo.

Lo oculto y lo manifestado
  
El INADI se dedica a condenar a aquellas acciones que señala como “discriminatorias”. Valga una importante aclaración a la hora de repudiar y de combatir esta entidad inicua. Aquí no se pretende probar –como intentando oponerse al INADI– que la defensa del Orden Natural, de la verdadera naturaleza del matrimonio, etc., no sería tipificable como “discriminación”, quedando todas aquellas cosas buenas “dentro del marco de la ley”. Hay una cuestión más de fondo que la de eludir la condena legal: la guerra de las palabras.

   Hay un manoseo de las palabras, sobre todo de la palabra discriminación.

   No se trata de jugar al póker con cartas marcadas, o de intentar ganarle a los tramposos en su propio juego. Se trata precisamente de lo contrario; no puede ser de otra manera ni siquiera por alegadas razones tácticas o prácticas, pues “Lo contrario de la Revolución no es la revolución al revés, sino la contrarrevolución”.

   Nuestro camino para oponernos frontalmente al INADI pasará por restaurar el hábito noble y diferenciador de las palabras. No es el caso demostrar que el Orden Natural no es discriminatorio: el caso es demostrar que no toda discriminación es, en sí misma, injusta. El caso es demostrar que no toda discriminación implica, por sí misma, un desprecio de la persona, de su nacionalidad, de su condición racial o de cualquier otro de sus atributos o particularidades.

   El caso es demostrar que aquellos que defienden y fomentan la ideología de la no discriminación, están interesados –por lo mismo– en que no haya luz, porque sus obras son malas.

   Si lograran hacernos creer que no hay línea divisoria entre la naturaleza y la contranaturaleza, entonces “tendrían derecho” a hacer de sus vidas lo que se les antoje, pues el día que tanto la ley como el sentido común de la gente enmudezca para señalar a las sombras y llamarlas por su nombre, sólo quedará la amonestación de su propia conciencia –si es que no la han matado aún–, pero no las amonestaciones externas.

   De ahí la importancia de que siempre haya una voz que diga la verdad:
Así dice el Señor: «A ti, hijo de Adán, te he puesto de atalaya en la casa de Israel; cuando escuches palabra de mi boca, les darás la alarma de mi parte. Si yo digo al malvado: «¡Malvado, eres reo de muerte!», y tú no hablas, poniendo en guardia al malvado para que cambie de conducta, el malvado morirá por su culpa, pero a ti te pediré cuenta de su sangre; pero si tú pones en guardia al malvado para que cambie de conducta, si no cambia de conducta, él morirá por su culpa, pero tú has salvado la vida»”. [9]
   Pero entonces, ¿qué hay detrás de la ideología de la no discriminación? ¿Qué es lo que se manifiesta y qué lo que se oculta en esta pretensión claramente ideológica?

   El odio a la luz.

   La luz es diferenciadora. La luz distingue. La luz marca el límite, marca la definición.

   Definir significa marcar el fin, el límite, la línea y el contorno de las cosas: “A partir de aquí esto es, a partir de allí esto no es”. La definición implica un “sí” tanto como implica un “no”. El lenguaje es naturalmente una definición, pues para hacernos entender debemos decir algunos sí y muchos no.

   En nuestro caso, la luz a la cual nos referimos es la luz de la inteligencia, el logos participado en el hombre; logos participado que remite al Logos Imparticipado.

   Pero para obrar el mal sin amonestaciones ni alarmas a su conducta, es necesario que los hombres se quiten los ojos. Para quitarse los ojos deben negar el hábito diferenciador y discriminador de la inteligencia: la facultad del discernimiento. Sólo así ejecutarán sus crímenes en completa oscuridad, ya sin amonestaciones ni límites que los incomoden. El ladrón y el asesino se refugian en las tinieblas de la noche.

“¡Ay de aquellos que llaman bien al mal y mal al bien…!”
  
La heterosexualidad es lo natural, la homosexualidad lo antinatural. Esto es así y ningún artilugio semántico o lingüístico puede disimular el hecho de que la complementariedad entre los órganos sexuales masculino y femenino no es convencional, no es arbitraria, no es histórica, no es fruto de un contrato entre sociedades. Esta complementariedad, “vinculación”, “adaptación” de una función a su facultad, tampoco es convencional, tampoco puede ser fruto de decisiones humanas, ni es sujeta a los cambios del tiempo, ni es fruto de diversas estructuras de pensamiento de cada sociedad.

   ¿Y con qué palabra designamos a lo que ni es convencional, ni arbitrario, ni histórico ni fruto de la sociedad? ¿Con qué palabra designamos a lo que no está sujeto a la voluntad ni a los contratos ni a las estructuras de pensamiento del hombre?
   Con la palabra “naturaleza”.

   ¿Esto es “discriminación”? Sí, pues es distinción. Discriminación justa.
   ¿Esto debe ser penado por la ley, como pretende el INADI? No, pues es la verdad.

   De ahí que no basta el ser heterosexuales para obrar correctamente, así como no basta simplemente sostener la verdad. La verdad tiene un carácter excluyente con el error, y del mismo modo la heterosexualidad debe tener un carácter excluyente de los comportamientos que van contra la naturaleza humana.

   Predicar la verdad y condenar el error.
   Practicar la naturaleza y reprobar la sodomía.
   Es necesario predicar la buena, sana y santa intolerancia de la verdad para con el error, de lo bueno para con lo malo, de lo bello para con lo feo y, finalmente, de los comportamientos ordenados, en la línea y en el deseo del plan de Dios, para con los comportamientos y acciones desordenadas, que atentan contra el Orden Natural y el Sobrenatural:
“¡Ay de aquellos que llaman bien al mal y mal al bien, que cambian las tinieblas en luz y la luz en tinieblas…!”[10].
   Si la ideología de la no discriminación tiene entre sus principales preocupaciones la manipulación y el manoseo del lenguaje, señal es que es precisamente aquí en donde nosotros debemos librar la batalla de restaurar el noble y luminoso significado de las palabras.

   Objetivo principal de la guerra semántica, declarada por los cultores de la ideología del género, la de llamar bien al mal, y mal al bien. Alison Jagger, autora de diversos libros de texto utilizados en programas de estudios femeninos en universidades norteamericanas, revela claramente su hostilidad frente a la familia, como abanderada de la ideología feminista que representa:
El final de la familia biológica eliminará también la necesidad de la represión sexual. La homosexualidad masculina, el lesbianismo y las relaciones sexuales extramaritales ya no se verán en la forma liberal como opciones alternas, fuera del alcance de la regulación estatal. En vez de esto, hasta las categorías de homosexualidad y heterosexualidad serán abandonadas: la misma institución de las relaciones sexuales, en que hombre y mujer desempeñan un rol bien definido, desaparecerá. La humanidad podría revertir finalmente a su sexualidad polimorfamente perversa natural[11].

Más aclaraciones. Uso de los verbos sin objeto que los especifique
  
Existen muchísimos actos humanos cuya valoración es incompleta si los consideramos aisladamente, debiendo recibir una determinación que los especifique, un contenido que nos remita a su fin y, de ese modo, que los vuelva plausibles de admitir una calificación moral.

   Estos actos humanos, que pueden ser tanto buenos como malos, son –entre otros– discriminar, ejercer la libertad, comportarse auténticamente, ser sincero con las opiniones propias, hablar con franqueza, etc.
   Inmediatamente que se pronuncia la palabra discriminación, debemos preguntar: ¿Qué es lo que se discrimina? Se discrimina algo pero ¿respecto de qué? ¿Por qué, con qué argumentos? Sería ciego condenar toda discriminación sin escuchar las razones del discriminador: podrían ser legítimas.

   Cuando nos hablen de libertad, debemos preguntar –de inmediato– para deshacer todo eventual copamiento demagógico: ¿Libertad para qué? ¿Con qué fin? Si se nos insta a comportarnos con autenticidad, deberemos mirar introspectivamente y preguntarnos: ¿Estoy realmente en la verdad, y por consiguiente mi autenticidad será respecto de lo verdadero? ¿O tal vez me halle en el error, y de ser así practicar la autenticidad me haría fomentar algo peor aún?

   Ser sincero con las opiniones propias ¿es en sí mismo positivo? ¿O depende de cuáles y cómo sean estas opiniones? ¿Da lo mismo ser sincero con una opinión correcta, que ser sincero con una falsa? Hablar con franqueza de lo propio, ¿hace que aquello de lo cual hablamos sea verdadero? ¿O acaso uno no puede decir –con absoluta franqueza– un error grande como una casa?

   Notemos el efecto que tiene la vaguedad y la imprecisión de las palabras en la confusión de las inteligencias: mucho peor que las mentiras.

   Así las cosas, la palabra discriminación se convierte en una «palabra-talismán». Debe desenmascararse el sofisma central de esta ideología, que consiste en desvincular el acto de su objeto, para condenar de forma anticipada e inapelable –manipulando las emociones y los sentimientos que causa la sola mención de esta palabra– el acto mismo, aunque éste reciba su calificación moral según su objeto y motivo. La ideología de la no discriminación omite y se desentiende deliberadamente de las cuestiones principales, la verdad y justicia del acto discriminatorio. No se debe querer distinguir nada al hacer uso de ella.

   A pesar de sus errores en materia doctrinaria, cabe poner la atención en el detallado análisis de Correa de Oliveira sobre la palabra-talismán:
La palabra-talismán radicalizada se resiste a explicitar su sentido. En efecto, su gran fuerza está en la emoción que provoca. La explicitación atrayendo hacia ella la atención analítica de quien la usa o de quien la oye, perturbaría e impediría ipso facto la fruición sensible e imaginativa del vocablo. La palabra-talismán, manteniendo obstinadamente implícito su significado, continúa siendo vehículo y escondrijo de su reciente contenido emocional”.[12]
   Los nuevos sofistas manipulan y manosean las emociones más puras, confundiendo deliberadamente actitudes de injusticia y desprecio con discriminación, valiéndose de los nobles sentimientos de las personas, pero que no tienen escrúpulo en desvirtuar para obtener sus fines:
Diríase que el sujeto, al utilizar una palabra, sufre una especie de fascinación ante ella: la absorbe pasivamente y recibe sin poder evitarlo los efectos psicológicos de la significación que le entrega. Su acción sobre el subconsciente es directa, profunda y estimulante. La palabra introduce por su solo empleo esquemas de pensamiento que el sujeto adopta aún sin darse cuenta”[13].
   La verdad de las cosas es el norte, la brújula, la guía de estos actos humanos y la que hace posible una calificación moral, que la supone. Nada valen la franqueza, la sinceridad, la autenticidad sin verdad. Nada vale la libertad para el mal, ni tampoco la discriminación injusta. Si la justicia es sinónimo de la verdad, si al “hacer justicia” tratamos a las cosas “conforme a la verdad”, lo decisivo para juzgar la validez o invalidez de la discriminación no es ella misma como tal, sino algo distinto de ella: lo que las cosas son, la verdad del mundo que será objeto de discriminación.

Equívocos actuales en las filas católicas
  
Pronunciar la palabra es cosa seria. No únicamente por las implicaciones morales que hemos desarrollado, sino además porque toda palabra, en el fondo, es una participación de Otra Palabra superior. Y si la perfección de la palabra está en tender siempre hacia su máxima conformidad con La Palabra, el lenguaje humano no puede volverse deliberadamente equívoco, no puede convertirse intencionadamente en confusión, en ambigüedad, en constantes elipsis. Tan necesario como predicar una palabra concisa, como poseer una recta semántica, es no admitir en boca de otros sino lo mismo.

   Por estos motivos, fueron gravemente erróneas y engañosas algunas de las declaraciones que del campo católico tuvieron circulación en estos días, aún cuando pretendieron “oponerse” a la legalización de este proyecto. Veámoslas.

   La Comisión Ejecutiva de la CEA (Conferencia Episcopal Argentina) emitió un comunicado encabezado como sigue: “La heterosexualidad como requisito para el matrimonio no es discriminar”. Allí podemos leer:
Afirmar la heterosexualidad como requisito para el matrimonio no es discriminar, sino partir de una nota objetiva que es su presupuesto”.
   Estará muy bien “partir de una nota objetiva”, presupuesto del matrimonio; es correcto tomar como punto de inicio la realidad objetiva, independiente de nuestra subjetividad, pero al pretender que esta toma de posición no sea calificable de discriminatoria, la Conferencia Episcopal paga tributo a las categorías mentales ideológicas del enemigo. En vez de enseñarnos que no toda discriminación es ilegítima; en vez de declarar que discriminar es un acto que realiza la inteligencia por la facultad del discernimiento; en lugar de denunciar que son los que moran en la oscuridad los que no quieren que se discrimine, porque ella aquí equivale a luz; en vez de esto, la CEA pretende solamente eludir la tipificación de sus actos, sin atacar las verdaderas causas y motivos de fondo que están haciendo posible el avance del lobby “gay”. Pan para hoy y hambre para mañana.

   No es ésta una declaración que, en absoluto, vaya hacia el fondo de las cosas; sin embargo, estamos viendo la importancia de hacerlo para atacar el verdadero problema y no terminar siendo funcionales a la ideología de la no discriminación. Como bien enseñó Rafael Gambra, no debe aceptarse tal término bajo el empleo engañoso e ideológico acostumbrado:
Aceptar un término para su empleo habitual es aceptar una idea, por más que el sujeto la rechace inicialmente en su plano intelectivo. La utilización de un código expresivo –un lenguaje– es ya de por sí abrirse a toda la carga de sentido y actitud que encierra como producto cultural. Las palabras adquieren en su seno un sentido que no tendrían aisladamente o en otro contexto mental”[14].
   Es muy importante tener en cuenta que hay varios modos de oponerse a algo. La máxima oposición, decía Aristóteles, es la oposición que no admite término medio: la oposición contradictoria. O es verdadero, o no es verdadero.

   Una oposición menor es la de los contrarios, la cual sí admite un término medio: entre blanco y negro.

   Pues bien: el comunicado manifiesta claramente una oposición de contrarios, no de contradictorios, porque la declaración de la Conferencia se sigue moviendo dentro del esquema de pensamiento del INADI, al aceptar tácitamente que ellos “no discriminan”, como si toda discriminación fuera ilegítima.

   Se acepta el engañoso planteo del enemigo para intentar eludir su ataque “según sus mismas reglas”. Cuánta razón tenía Santo Tomás de Aquino cuando repitió en la Suma aquellas palabras de San Jerónimo:
con los herejes no debemos tener en común ni siquiera las palabras, para que no dé la impresión de que favorecemos su error”.[15]
   Por otra parte, se asocia indebidamente el hecho de no discriminar con la correcta actitud de “partir de notas objetivas”, haciendo pasar estas dos ideas como enlazadas, como si una llevara a la otra, cuando no es en absoluto así. Podemos perfectamente partir de notas objetivas y, no obstante o mejor dicho por lo mismo, discriminar con plena justicia, que es lo que estamos intentando hacer en estas líneas.

   Debido a la utilización de un lenguaje propio del enemigo, el texto del arzobispado porteño –firmado por el cardenal Bergoglio y los monseñores Sucunza, García, Martín, Ojea, Eguía y Fernández– se muestra gravemente engañoso para los fieles. Luego de observar la irregularidad en la cuestión puramente jurídica y formal (elemento a tener en cuenta, pero que no puede ser el punto principal de la cuestión), la Jerarquía se expresa de la siguiente forma:
A esto se agrega que el Jefe de Gobierno, en una decisión política que sorprende, no haya permitido la apelación de dicha sentencia absolutamente ilegal, para dar un debate más prolongado y profundo sobre una cuestión de tamaña trascendencia. Esto constituye un signo de grave ligereza y sienta un serio antecedente legislativo para nuestro país y para toda Latinoamérica”.
   Pues bien, ¿se advierte el error? Se sugiere que el problema no se haya en la normativa injusta e inmoral que pretende imponerse, sino en el modo en que podría llegar a tener vigencia: un modo donde el debate “más prolongado y profundo” estuviese omitido. ¿Pero acaso se nos está diciendo que con debate prolongado y profundo, entonces la norma es buena? ¿Sin debate, la norma es mala? ¿Qué hay que debatir aquí?

   Es cierto que el comunicado hace aclaraciones etimológicas cuando dice “La palabra «matrimonio» alude justamente, a esa calidad legítima de «madre» que la mujer adquiere a través de la unión matrimonial”; pero justamente por ello, resulta desconcertante que hacia el final de la declaración –que se limita a decir pocas, muy pocas cosas entre las muchas que se podría, sin jamás atacar ni denunciar al lobby “gay” ni a los organismos que defienden y fomentan esta perversión– se invoque la autoridad de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos y la Convención Americana de los Derecho Humanos:
esta decisión de la jueza de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires podría considerarse contraria a distintos tratados internacionales con jerarquía constitucional desde 1994…” [16].
   ¿Acaso no tenemos una legitimidad y autoridad propias, por encima de la puramente humana, que se funda en la Ley Natural? ¿Acaso los católicos debemos apelar a la farsa ideológica de los DDHH? ¿Por qué juzgar “la decisión de la jueza” desde los postulados derecho-humanistas, y no desde los postulados católicos del derecho? Si nuestros pastores no hablan desde la óptica católica, desde los fundamentos católicos a propósito de estos sucesos; si en definitiva no hablan en tanto católicos, ¿cuándo y en qué circunstancias lo harán entonces, dejando de pronunciarse “desde lo que el mundo acepta como propio”? ¿Por qué se busca un “terreno común” con los adversarios (perdón por la palabra) y nunca se habla desde las posiciones propias?

   Pero veamos una posible réplica a nuestra última observación:
   – No, Usted no entiende. Ellos hablan de esa manera –apelando únicamente a leyes positivas humanas– porque están frente a una legalidad que no reconoce a la religión católica como verdadera, no teniendo por tanto validez principal (para ellos) ningún argumento que esté fuera de la ley escrita. Por eso apelan casi exclusivamente a las leyes positivas. Están tratando de argumentar desde aquello que los adversarios aceptan como válido, que es distinto respecto a lo que nosotros aceptamos. No está mal lo que ellos hacen.
– Pero la Política no es sino la Moral llevada al plano social. Y ninguna moral, personal o comunitaria, puede desvincularse del Evangelio. Si Usted me responde lo anterior, entonces nuestros obispos –nuevamente– en vez de discutir las cuestiones de fondo, en vez de penetrar hasta el fundamento de las leyes, en vez de profundizar hasta el núcleo de la cuestión y desenhebrar el falso principio que hace posible estas injusticias –la soberanía popular, consagrada en el art. 37 de la Constitución Nacional–, nuestros obispos se conforman con críticas secundarias, accidentales, cosméticas, sin jamás hacer mención de la cuestión principal, omitiendo el problema de fondo. Callar una verdad es aquí más grave que emitir un error. Y sabemos que quien calla, otorga. Nuestros obispos no luchan sin cuartel ante la injusticia, la perversidad y la contranaturaleza. Por todo lo anterior, aquello que Ud. sugiere como atenuante es, en realidad, un agravante.
   Este tipo de lenguaje no hace sino debilitar y suavizar la oposición católica a esta legalidad inicua, insistimos, volviéndola puramente contraria, es decir, admitiendo un término medio, sin jamás volverla contradictoria. El modo utilizado para ablandar el discurso consiste en oponerse desde dentro de las premisas del adversario, y nunca desde afuera.[17]

   La Escritura dice claramente que un reino dividido no podrá subsistir. Todos los que impugnamos esta inicua legalidad debemos mantener una coherencia y unidad del discurso, pero esta unidad no puede ser ni la unidad de los contrarios, ni la unidad en argumentos endebles, engañosos y solidarios de la semántica enemiga.

   Así se vacía el lenguaje, la palabra y su significación: cuando el carácter contradictorio de las afirmaciones queda mitigado por la promiscuidad intelectual de quien osa colocar una verdad y un error en un mismo planteamiento:
La verdadera sabiduría tiende a unir. La sabiduría del mundo tiende a amalgamar elementos que no pueden unirse, y, cuando ve que los tiene yuxtapuestos, cree que los ha fundido. Desde el punto en que dos elementos coexisten, el mundo imagina que están unidos.
El hombre de mundo no teme hacer daño. Pero teme chocar. No conoce las armonías, pero sí las conveniencias”[18].
   ¿Por qué este discurso incluye indistintamente verdades y errores? Porque su principal preocupación es “no chocar”; se pretende sobre todo el mezclar diferentes concepciones que tomadas en sí son contradictorias, pero que se cree poder conciliar metiéndolas en la misma oración. Por eso, quien está embebido del espíritu del mundo adora el incluir la verdad y el error juntos, para que aquellos que están en el error vean mencionada su divisa, mientras que aquellos que están en la verdad crean que “por lo menos” también se menciona parte de ella.

   El espíritu del Mundo, bajo este aspecto, no está caracterizado por el error frontal al cual estamos acostumbrados sino por una astuta y pérfida mixtura de errores y verdades. Por eso, cada vez que el mundo pronuncia una verdad la rebaja, pues sus labios están putrefactos por las tibiezas y deshonestidades anteriores.

   Se afirma –sólo literalmente– una verdad y luego se discurre como si lo recién afirmado no existiese, colocando en un mismo discurso dos conceptos contradictorios, tal como hemos visto y analizado con la mejor buena voluntad y objetividad intelectual.

   Así se vacían a los significados: no negándolos, no haciéndoles frontalmente la guerra, sino colocando junto a ellos la contradicción.

   Por el contrario, la fidelidad al logos, que es Dios mismo, el Verbo, la Palabra, Jesucristo, nos exige como católicos la pronunciación responsable, pedagógica y testimonial de la verdad conocida. Palabra que no define, engaña. Tanto el que distingue como el que exige a sus oyentes está a salvo de toda demagogia.

Conclusión
  
Creemos que en lo que respecta a este problema el caso es, por último, denunciar la oscuridad del logos en un mundo que no quiere distinguir, pero no porque pretenda acoger desinteresadamente a los extranjeros, no porque desee un trato caritativo y respetuoso por igual para blancos, negros y amarillos; sino porque rechaza a la luz objetiva de la verdad, rechaza el límite que marca diferencias entre lo que es y lo que no es. Rechaza en última instancia su carácter de razón fundada y pretende colocarse como Razón Fundante, pretendiendo ser la Fuente de las cosas y Fuente de legitimidad para los comportamientos.

   Así justifica la homosexualidad. Así justifica las uniones contranatura. Así justifica los comportamientos llamados, eufemísticamente, “gay” y las relaciones sexuales entre lesbianas. Así justifica, en última instancia, la reducción de la sexualidad humana –traspasada siempre de espíritu, o más aún, ella misma penetrada por lo espiritual– a la pura y desencarnada genitalidad, en donde mientras más próxima está la carne, más lejos están las personas unas de otras; se da –contra la naturaleza– la fusión de los cuerpos pero nunca, nunca, la fusión de las almas; en donde la persona queda reducida a materia prima experimentable e intercambiable, como lo atestigua el altísimo índice de promiscuidad de los comportamientos homosexuales. Porque los mismos que ahora luchan por el “matrimonio gay” son los que escriben en graffitis “Ni te cases ni te embarques”. No les interesa el “compromiso” “matrimonial” entre dos personas del mismo sexo; les interesa el desvirtuar una institución natural para que no quede ya sombra de la señorial distinción del intelecto.

   Es tal el misterio de la sexualidad que respecto a su despliegue no caben términos medios:
La sexualidad humana está fatalmente colocada en esta alternativa: o fiscalizada y sobrealzada por el amor del espíritu, o prostituida por el pecado del espíritu”.[19]
   Quienes levantan la bandera de la no discriminación se encuentran –lo sepan o no– desesperados. No cabe duda de que se están negando a sí mismos: rechazan su sexualidad tal como la tienen, ya fuera masculina, ya fuera femenina; rechazan la vocación propia de su cuerpo, rechazan el sentido espiritual, psicológico y biológico de la fusión con el sexo opuesto. Es un sistema de negaciones y rechazos. En suma, se trata de una oposición radical a todo lo que sea dado; hay aquí un enfrentamiento con la naturaleza –en su más noble y pura acepción–, y por esto, en última instancia, con el Autor de la naturaleza.

   En el fondo, es la inmadurez de quien no quiere aceptarse a sí mismo, que ve su error, su mal, pero que no quiere emplearse a fondo para cambiarlo. Teme arriesgarse, empeñarse en corregirse y luego caer, nuevamente, habiendo gastado sus energías en cambiar inútilmente. Por eso elige el camino –fácil camino– de dejar de luchar. Y en este “dejar de luchar”, debe encontrar una justificación teórica ante los demás. Así pasa a la negación de lo que nos es dado naturalmente, para volcarse sobre sí como un Nuevo Creador, pretendiendo substituir al Verdadero.

   Proclamemos la verdad, no suavizándola o matizándola indebidamente. No con ingredientes cosméticos que disimulen su intransigencia, como si toda intolerancia fuese en sí un mal. Proclamemos que hay discriminaciones y discriminaciones: unas justas, hijas de la inteligencia que es luz; otras injustas, hijas del desorden de las pasiones y de la voluntad. Es el malvado el que odia la luz, porque la luz pone en evidencia sus acciones. Amemos la luz de la Verdad, sabiendo que si somos fieles a Ella, Aquél que recompensa a los trabajadores fieles y laboriosos nos brindará –ya en la otra vida– la belleza con la cual Se engalana y de la cual, en este valle de lágrimas, sólo atisbamos fragmentos.

   Cristo, Logos Eterno y Verbo Increado del Padre, nos dé la gracia de restaurar el logos participado –no sólo el mental, sino el oral; no sólo el interno sino también el externo– en nosotros mismos, nuestras familias, nuestra sociedad, nuestra Patria.
 
_____
[1] Rubén Calderón Bouchet, La Revolución Francesa, Editorial Santiago Apóstol, Buenos Aires, 1999, pág. 168
[2] Ernest Hello. El hombre. La vida – La ciencia – El arte, Buenos Aires, Editorial Difusión, 1941, pág. 86.
[3] Gilberth K. Chesterton, Ortodoxia, Buenos Aires, Ed. Excelsa, 1943, págs. 51-52
[4] Notemos, además, cómo se cumple al pie de la letra la vieja táctica de dar dos pasos adelante y uno atrás, pues la misma Lubertino está admitiendo que, aunque en el Plan Nacional contra la Discriminación no aparece la denominación de “matrimonio”, no obstante ella, como parte de la revolución permanente, la considera un objetivo a alcanzar. Es una guerra por etapas: primero piden algo, lo obtienen, y luego siguen reclamando el resto. Obsérvese lo ridículo que sería pretender una conciliación o pacto de no agresión con ellos. El conocer las ambiciones de estos personajes debe servir no para amedrentarnos sino para renovarnos en el vigor del testimonio.
[5] Ambas citas extractadas de http://www.notivida.org/, Boletín 634, Año IX, 9 de noviembre de 2009.
[6] Rafael Gambra. El lenguaje y los mitos, Ediciones Nueva Hispanidad, Buenos Aires, 2001, págs. 23-24.
[7] Ernest Hello, citado por el Padre Alfredo Sáenz SJ, Siete virtudes olvidadas, Bs. As., Ed. Gladius, 2005, pág. 142.
[8] Ernest Hello. El hombre…, ídem pág. 111
[9] Ezequiel 33, 7-9
[10] Isaías 5, 20
[11] Alison Jagger, “Political Philosophies of Womens Liberation”, Feminism and Philosophy, Littlefield, Adams & Co., Totowa, New Jersey, 1977, pág. 13.
[12] Plinio Correa de Oliveira, Trasbordo ideológico inadvertido y diálogo. Traducido al español por el Consejo de Redacción de “CRUZADA”, Buenos Aires, 1966, pág. 29
[13] Juan Milet, citado por Rafael Gambra. El lenguaje…, ídem, pág. 21
[14] Rafael Gambra. El lenguaje…, ídem, pág. 23
[15] Suma Teológica, III, q. 16, art. 8, corpus.
[16] Cfr. http://aica.org/index.php?module=displaystory&story_id=19319&format=html
[17] Renglón aparte merecerían otros fragmentos de esta declaración de la Comisión Ejecutiva de la CEA, por ejemplo, al mencionar la necesidad de una “sana” educación sexual; en vez de desentrañar la manipulación ideológica de estas palabras, utilizadas como ariete contra la recta educación de los afectos y de los sentimientos, se coloca simplemente la palabra “salud” delante con la intención de «bautizarla», como si bastara ello para extirpar así su carácter dañino.
Resultó equívoca la frase: “No estamos ante un hecho privado o una opción religiosa, sino ante una realidad que tiene su raíz en la misma naturaleza del hombre, que es varón y mujer”. Pues bien, que el fundamento del matrimonio es una realidad no cabe duda. Pero ¿acaso la fe católica, objeto de la recta opción religiosa, no lo es? El texto sugiere exactamente eso: mientras las cuestiones religiosas podrían ser relegadas al terreno personal o sentimental, no así las cuestiones naturales o sociales pues estas son reales. Pero entonces la religión no es real. Y si la religión católica no es real, no es verdadera. Y si no es verdadera, Cristo no resucitó y vana es nuestra fe.
Hacia el final, los Obispos consideraron ante el público que su propia voz, la voz de los sucesores de los Apóstoles por mandato de Cristo, sea reducida a un “sumar a las presentes reflexiones en un diálogo sincero con la sociedad” un simple “aporte” destinado “a quienes tienen la difícil tarea de legislar sobre estos temas”. He aquí el mejor modo de destruir la correcta semántica de los fieles: la verdad de la jerarquía –que representa o debería representar la voz de Dios– no negada, no perseguida, no vilipendiada, sino considerada como un simple aporte. Interesante, valioso, pero aporte. Nada más.
[18] Ernest Hello. El hombre…, ídem, pág. 109
[19] Gustave Thibon. Lo que Dios ha unido (Ensayo sobre el amor), Editorial Librería, Buenos Aires, 1952, pág. 164

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