"Nuestro Salvador, carísimos, hoy ha nacido: Alegrémonos.
No es en verdad justo que nos entristezcamos en el día que nace la vida, la cual dando fin a todo temor de muerte, nos alegra con la promesa de la eternidad.
Esta alegría es para todos, y ninguno se debe creer excluido de ella.
Una misma es la causa de la común alegría.
Y es que siendo nuestro Señor el que ha venido para destruir el pecado y la muerte, así como a ninguno halló libre de culpa, así ha venido para librarnos a todos.
Por lo mismo, gócese el santo porque se acerca a la corona; alégrese el pecador, porque se le invita al perdón; anímese el gentil, porque es llamado a la vida.
Ya que el Hijo de Dios, llegada la plenitud de los tiempos ordenados por los inescrutables designios del divino consejo, tomó la naturaleza humana para reconciliarla con su autor, a fin de que el diablo, inventor de la muerte, fuera vencido por la misma que él había dominado."
(San León Magno, Papa. Sermón 1 de la Natividad)
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