Recuerdo cuando pasé por una Iglesia Catedral en tiempos navideños, donde casualmente iba a comenzar un “pesebre viviente”. Como iba con mi familia y había un niño, dudé si quedarnos. Dudé porque desconfiaba del sacerdote que parecía estar organizando el evento, pues sabía que tenía pretensiones de “artista y cantautor”, y se palpaba su modernismo. Aún así, ya que se trataba solamente de un “inocente pesebre viviente” y la Catedral estaba repleta de niños y familias, me pareció que podía ser algo bueno, sobre todo para los niños. ¡¡¡Terribles épocas estas, en las que se desconfía de un “pesebre viviente” en una Iglesia Catedral!!! ¿Sería paranoia mía, al fin de cuentas?
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Comenzó el evento: este sacerdote no participaba, sólo ponía la música… El pesebre no venía tan mal. Lo malo fue cuando en medio de éste, sin ninguna motivación justificada siquiera “artísticamente”, una mujer joven se colocó en frente del “altar nuevo”, casi sin vestimentas y contorneando su cuerpo al son de una extraña música. Todo ante la mirada de muchas familias con niños, quienes se habían sentado cerca del “espectáculo”. Con una sola mirada a mi esposa, salimos todos inmediatamente de la Catedral.
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¿Qué pasó con el resto de las “católicas familias” con sus niños? Podría pensarse que hicieron lo mismo, que el cura se quedó solo con su fiestita, y que pulularan sanamente las palabras de indignación ante el sacrilegio y la profanación del templo. Nada de eso pasó. La grey domesticada y embrutecida por décadas de modernismo, siquiera percató algo malo para sí y sus hijos. Y tal vez pensaron en lo bien que habían hecho en llevar a sus hijos a la Iglesia Catedral a ver el “Pesebre viviente”.
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Una alineación mayor, imposible de pensar. Alineación basada en décadas de estar con curas modernistas y ver liturgias desacralizadas. Todo gracias a aquellos miembros de la Jerarquía, miembros de la Secta Modernista, que han logrado su plan: una Iglesia “irrespirable”.
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Esto fue lo que me hizo acordar cuando vi una imagen en “Catapulta” sobre un jesuita, la cual me remitió a buscar sobre el susodicho. Estamos hablando del P. Saju George, S.J. Este es el siniestro personaje:
Claro, que, a diferencia de la anécdota referida, la bailarina el bailarín en este caso es el mismo sacerdote, que baila al son de ritmos hindúes, con el torso desnudo, y dentro de los templos. Usa cantidades de símbolos hindúes sobre su cuerpo, y un punto rojo pintado en su frente… Sus modos, no parecen muy varoniles… ¿Y tiene también los labios pintados -ver videos-?
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En este link puede ver un video de un “show” que realizó dentro de una Iglesia.
Y aquí puede verse un reportaje que le realizaron, no está en castellano, pero se pueden apreciar sus peculiares modos…
Y tiene su página de Internet…!
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Claro, también, que hay una grey que lo sigue, cristianamente inerte, incapaz de reaccionar ante el incalificable jesuita. ¿Qué se puede decir de él, de sus superiores, de su obispo…? Incalificable. Confío las palabras de indignación a los que lean el post. Que hay muchos que no han caído en las trampas de estos “lobos con (o sin…) piel de corderos”…
Constantino
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Bueno las cosas tienen que pasar por alguna sola razón. Porque Dios las permite o porque Dios las manda como castigo y especialmente para estas comunidades para la cual sirve el cardenal Levada. Que Dios Nuestro Señor tenga Misericordia de esta comunidad y les mande a un Sacerdote que verdaderamente vele por las almas de sus feligreses. Felicidades por tu reportaje es de suma importancia el estar informado de lo que está pasando en este mundo tan corrompido en donde muchos sacerdotes son puestos a prueba y se quedan atascados en su pecado.
ResponderSuprimir¡Que todo sea para Gloria de Dios! nosotros no podemos sacar nada bueno de lo malo pero Dios sacara lo mejor de toda esta maldad; pero todo a su tiempo.
A semejanza del Getsemani, el Señor, luego de recomendar ¡¡ OREN !!, toma distancia. No veo que tomar distancia sea permitir sino advertir. Viendo estas cosas en el lugar mismo donde se consagra el producto que viene del tal Huerto que es el oleo de la unción; no puede entenderse otra situación: DIOS HA TOMADO DISTANCIA.
ResponderSuprimirAdviértase al "hindú" y recuérdese la instancia previa que derivó en la ejecución de Juan (el Bautista). El instrumento ya no es una mujer. Ya no es ni una mujer quien danza, ya no un ámbito destinado a lo prostibulario tampoco para reclamar cabeza. Es un varón de aspecto femenistoide, lo que le hace repugnante al pobre condenado.
Amigos, el evidente homosexual está degradando el sacerdocio y, con ello el Santo Bautismo.
En cuanto a Petrus (Cómo me gustaría escuches): ¿ Adonde llevas el rebaño ?; que es preferible verte desenvainar la espada aún con muy mala puntería, que existen formas y formas de hacer el ridículo y unas peor que otras. No, no es que te pido apeles a un mal menor..., solo quiero manifestarte que están claras las diferencia aún en el mal menor para la Verdad.
Petrus: Dicen que la fe entra por los oídos. Está más que claro que este curita hindú (que mal cura), que hace un mal ejercicio de lo que se le ha confiado está sin orejas. La instancia demanda una de estas dos cosas: a) por el poder que se te ha dado las busques y se las pegues, o, b) por tu propia limitación, pero con mejor punteria, le cortes la cabeza
El blasfemo y sacrílego jesuita no está solo. Tiene superiores que permiten sus desvaríos y que por lo tanto son tan perniciosos como él.
ResponderSuprimirHay una gran cadena de complicidad que atenta sistemáticamente contra Cristo y su Iglesia y que solo puede estar instrumentada por Satanás.
Es cierto, Fernado, pero a uno solo se le ha conferido autoridad para aniquilarlos dentro de la Casa. Cuando ese solo determine quien queda y quien no, valiendose de información fidedigna, comprobable (como esta que muestra la nota), todo será diferente y entonces sí se podrá avanzar sobre la realidad. Alguien, en la Argentina dijo: "La única verdad es la realidad". ¡¡ MINTIÓ !!, como todo rufian. La realidad es tan solo el campo en que la mentira presenta batalla a la Verdad.
ResponderSuprimirEduardo
¿Hasta cuando debemos soportar tanta asquerosidad, tanta degradación, tanta ofensa a Nuestro Señor?
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