Y no lo decimos precisamente nosotros…:
“Las miserias del hombre son muchas, y Jesús se compadece de todas: del ciego, del leproso, de la madre viuda, de la multitud hambrienta. Pero hay una que le rompe el corazón: que el pueblo esté como ovejas sin pastor. Entonces él mismo se ofrece como solución”.
Tras afirmar que “la cuestión de la falta de pastores se ha vuelto clásica, pues en la Iglesia se habla de ‘la falta de vocaciones’ como tal vez nunca antes”, por lo que se trata, ciertamente, de “una cuestión de cantidad”, advirtió sin embargo que también se trata de un problema de “calidad”, ya que “sobran malos pastores y faltan buenos”.
De Mons. Carmelo Juan Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia. (Link: Homilía completa.) Estos dichos episcopales recientes, nos traen a la memoria las conocidas expresiones de Pablo VI:
El Papa Pablo VI, experimentando él mismo la crisis, hablaba del “humo de Satanás” que había penetrado en el templo de Dios (Alocución del 29 de junio de 1972) y de la “autodemolición” de la Iglesia (Alocución en el Seminario Lombardo el 7 de diciembre de 1968). Autodemolición de la Iglesia quiere decir que la Iglesia es destruida por ella misma, por sus autoridades.
El mismo Pablo VI disuade a aquellos que consideran al Concilio Vaticano II como una primavera para la Iglesia: “Creíamos que el Concilio traería días soleados para la Historia de la Iglesia. Por el contrario son días repletos de nubes, tormentosos, con niebla, días de ansiedad e incertidumbre” (Alocución del 29 de junio de 1972).
Y nos acordamos lo que Juan Pablo II confiesa también:
“Hoy en día los cristianos se sienten, en gran parte, dispersos, confusos, perplejos, y hasta incluso desilusionados; han sido difundidas las ideas más contrarias a la verdad revelada y siempre enseñada; se han propagado verdaderas herejías en los terrenos del dogma y de la moral... tampoco la liturgia ha sido respetada” (Discurso en el Congreso de las Misiones, 6 de febrero de 1981).
¿Qué decir de esto? En cuanto a las realidades denunciadas, nos parecen harto evidentes. En cuanto a los denunciantes, podríamos hacer nuestras las palabras de Pedro Rizo:
“Pero todavía muchos católicos se preguntan cómo fue que Pablo VI denunciara la autodemolición de la Iglesia o, peor, nos advirtiera de su invasión por entes preternaturales, según Ricardo de la Cierva, o el humo de Satanás. Pienso que la respuesta no es tan difícil. Sólo hay que hacer memoria de algunos de sus hechos y dichos (…).
La llegada a la Sede de San Pedro del ex-Pro-Secretario de Estado, Juan Bautista Montini, determinó una auténtica revolución. Ya saben ustedes lo que eso es: que lo que antes era ahora no sea, que lo que estaba arriba pase a estar debajo. Pablo VI impulsó un cúmulo de audaces cambios, transformaciones y errores no superado en la historia de la Iglesia. Piénsese que lo que todos los heresiarcas juntos no pudieron destruir, en su pontificado lo obtuvieron gratis. Sus lamentos jeremíacos suenan a hueco precisamente porque fue por su gobierno que se justificaron, de modo que no sabemos si interpretarlos más como muestra de la hipocresía farisea recibida en sus genes que como patológica inconsciencia.”
Entradas previas relacionadas:
“Prended a los profetas de Baal, que no se salve ni uno”
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