MARIA, AUXILIO DE LOS CRISTIANOS,
Y LA IGLESIA MILITANTE
Post reeditado.

No conocemos el origen preciso del título mariano “Auxilium Christianorum”. Se encuentra por primera vez en las Letanías Lauretanas, cuya edición más antigua que lo contiene es, hasta ahora, la que se ha hallado en Diligen (Alemania); su origen se remonta a Pedro Canisio: lleva la fecha de 1558.
El título es ciertamente anterior al Pontificado de San Pío V. En efecto, antes de la batalla de Lepanto el título tuvo auge y se propagó mucho en el pueblo cristiano, como agradecimiento del auxilio de María a las huestes cristianas.
Es uno de los títulos lauretanos que adquirió muy pronto una vida y una historia propias, que ponen de relieve su rica y peculiar significación social.

El de que la divulgación de este título dependa, en parte, de la victoria de Lepanto, bajo el pontificado de San Pío V, es sin duda, la explicación de la común tradición de que el Papa de Lepanto lo hubiera insertado en las Letanías Lauretanas.
A pesar de que la formulación definitiva del título no es tan antigua, su significación doctrinal tiene ciertamente un claro fundamento en la Sagrada Escritura y en los escritos de los Padres de la Iglesia, donde se presenta a María como colaboradora de Cristo y de los Apóstoles y como “ayuda” y “auxilio” de todos los fieles.
La idea representada por el título ha sido siempre clara, desde los inicios del Cristianismo, y está contenida en el depósito de la Revelación.
Significado de este título
Los antiguos Romanos llamaban “auxilia” a las tropas aliadas que combatían junto a las legiones de los césares.
Esto nos trae a la imaginación épocas de luchas y campos de batalla, donde la vida puede llegar a ser heroísmo en defensa de un ideal.
La Iglesia de la tierra es, en verdad, una milicia en la que los cristianos luchan denodadamente para la defensa y el triunfo de la fe.
María está con ellos; es su “auxilium” en el encarnizado combate, y es terrible como ejército ordenado en batalla.
Esta idea inicial de una especie de ayuda bélica para la Iglesia militante en los momentos de apremio, sobresale claramente en la significación del título “Auxilio de los Cristianos”. Por otra parte tiene tres grandes apoyos históricos en las victorias militares de las armas cristianas en Lepanto y en Viena, contra las aguerridas formaciones de la Media Luna, y en la liberación del Papa Pío VII del cautiverio de Napoleón.
Pero el título es anterior a estos hechos militares y está arraigado, claramente, en los presupuestos teológicos de la función social de María.
La maternidad espiritual de María y su mediación universal, su corredención y toda su asociación al segundo Adán, su eficiente realeza y, en una palabra, todo lo que en Ella está en función de su misión histórica de segunda Eva, es la explicación del valor doctrinal de la advocación “Auxilio de los Cristianos”.
Sin embargo, el título no coincide propia y exactamente con las anteriores características sociales de María; las presupone y las abarca todas, pero pone el acento sobre algunos matices específicos, insinuados en los hechos históricos antes nombrados, que dan una significación peculiar al influjo social de María.
Para poder aclarar y ahondar más este valor concreto y específico, podemos servirnos, además de tener presentes los hechos anteriormente nombrados, de tres instrumentos de penetración:
-la liturgia de la fiesta de la Auxiliadora.
-el magisterio de los Romanos Pontífices.
-y las afirmaciones doctrinales de uno de sus más grandes devotos, San Juan Bosco.
La liturgia de la fiesta mariana del 24 de mayo puede dividirse, como afirma el liturgista Eusebio Vismara, en dos partes: la parte común... inspirada en la idea de la maternidad divina de la Virgen María, pone, por decirlo así, la base y el título fundamental del por qué María es Madre y Auxiliadora de los Cristianos; la segunda parte (propia), inspirándose en el concepto y en los hechos particulares, pone de relieve –de una manera simple y sobria- pero muy clara y eficaz- el patrocino de María a favor de la Iglesia y de la Cristiandad”.
En la parte propia de la Misa se habla del patrocinio de María sobre el “pueblo” cristiano, sobre la “religión” cristiana, sobre los “pueblos” de la tierra que constituyen el Cuerpo Místico de Cristo.
Es clara y evidente la invocación a María para una intervención, sobre todo social, en la vida de la Iglesia.
También en el Oficio, en las partes propias (en especial en los himnos de Maitines y Laudes), se recalca esta misma idea de patrocinio social hacia el “pueblo” de Cristo, principalmente en las situaciones precarias de mayor emergencia social.
Aquí se alude también en forma directa a la persona del Papa, jefe supremo del “pueblo” cristiano y maestro de la fe que, por sobre las violencias de los impíos, gobierna victoriosamente desde la sede de Pedro por el auxilio de María.
La liturgia de la fiesta de María Auxiliadora pone, pues, de relieve el carácter social del patrocinio de María, sobre todo en los momentos de mayor peligro, a favor del “pueblo” cristiano y de su jefe el “Papa” romano.
Este carácter social se extiende también, como consecuencia, a cada uno de los cristianos considerados individualmente, por cuanto cada uno es miembro del pueblo de Cristo y necesita ser auxiliado, sobre todo en las situaciones de mayor peligro, para conservar y robustecer su pertenencia a la comunidad cristiana, o sea, su cualidad de verdadero miembro vivo.
He aquí algunas de las afirmaciones de la liturgia:
-en la Oración de la Misa:
“Omnipotente y misericordioso Dios, que para defensa del pueblo cristiano constituiste admirablemente el perpetuo auxilio de la bienaventurada Virgen María”.
-en la Secreta:
“Te ofrecemos, Señor, este sacrificio de propiciación por el triunfo de la religión cristiana...”
-en la Poscomunión:
“Muéstrate, Señor, propicio a los pueblos que se reconfortan con la participación de tu Cuerpo y Sangre, a fin de que, con el auxilio de tu Santísima Madre, se libre de todo mal y peligro, y se mantengan siempre en el ejercicio de todo bien...”
-en el himno de Maitines:
“A menudo, cuando el pueblo cristiano gemía bajo la violencia de amenazas hostiles, vino en auxilio la Virgen pía desde el hermoso cielo. Así nos lo afirman antiguas memorias de los antepasados, así lo atestiguan los templos, enriquecidos con importantes trofeos, y las celebraciones anuales que renuevan los votos y el culto. Oh día feliz, oh fecha memorable, en que la sede de Pedro, con suerte afortunada, acogió al Maestro de la fe, que volvía después de un triste lustro...
Oh Virgen de las vírgenes, ... haz, te lo suplicamos, que al Pastor pío sea otorgado guiar la grey a regiones de salvación...”
-en el himno de Laudes:
“Te proclamamos Madre del Redentor y del Señor nuestro, oh hermosa Virgen, honra y presidio de los cristianos en las más difíciles circunstancias. Aunque se yergan las fuerzas infernales y ruja el antiguo Adversario, suscitando amenazadores ímpetus para desorganizar el sagrado ejército de Dios, de nada servirá este horrible conato contra los espíritus serenos, celestialmente robustecidos por la protección de la Virgen, invocada con preces...”
Con frecuencia en los documentos pontificios de estos últimos tiempos la doctrina acerca del patrocinio de María hacia la Iglesia y el Romano Pontífice es sintetizada y proclamada por medio del título “Auxilio de los Cristianos”.
Desde Pío IX que en 1868 escribía a don Bosco con ocasión de la consagración del Santuario de María Auxiliadora enalteciendo el patrocinio de María sobre la Iglesia y el Papa, a León XIII que muy a menudo recuerda a María como “Auxiliadora poderosa de la cristiandad”, “potente ayuda del pueblo cristiano”, “Auxiliadora poderosísima de los católicos”, a Pío XI que invoca el Auxilio de los Cristianos para el retorno de los errantes, a Pío XII que ha aclarado con frecuencia el patrocinio social de María, y a Juan XXIII que acude a “María Auxiliadora en esta hora crucial de la historia en que está en juego la vocación histórica de los pueblos”, los Romanos Pontífices reconocen y proclaman con admirable claridad la misión protectora de la Virgen hacia la Iglesia y el Papa, bajo el título mariano de “Auxilio de los Cristianos”.
Interesante sería seguir, en detalle documentados estudios recientemente hechos sobre la mediación social de María en el magisterio de Pío X, Pío XI y Pío XII y la doctrina de la Inmaculada y la Iglesia en Pío IX. Uno de ellos, por ejemplo, realizado sobre el magisterio mariano de Pío XII, termina afirmando: “No sólo la doctrina encerrada en el título, sino el mismo título “Auxilium Christianorum” se encuentra con frecuencia en los labios y en los escritos del supremo Pastor, como si fuera entre los títulos marianos tradicionales el más apto y apropiado para expresar la verdad de la mediación social de María hacia la Iglesia católica”.
Pío XII ante todo explica y ensalza repetidas veces el significado del título y su valor social: en efecto, lo relaciona con “el recuerdo de las victorias que (el nombre de María) ha conseguido sobre los enemigos de la cristiandad”; más aún, presenta expresamente a María Auxilio de los Cristianos como nuestra “fuerza en la lucha por la restauración de una sociedad sana y próspera, por el triunfo de Dios y de la Iglesia”; subraya además la ligazón que vincula el título de Auxiliadora con el del Santo Rosario, es decir “con la mística y poderosa corona de oraciones, que le ha merecido el nombre de Auxilio y Salud del Pueblo Cristiano”. Confirma además la verdad del título “Auxilio de los Cristianos” con el hecho de “que esta nuestra Roma ha experimentado muchas veces la protección de la poderosa Reina, que se complace en ser llamada “Salus Populi Romani”

Y en la súplica con que consagra al Inmaculado Corazón de María la Iglesia y toda la Humanidad flagelada pro el huracán de la guerra, la llama “Auxilio de los Cristianos”, refugio del linaje humano, vencedora de todas las batallas de Dios. Por fin le reivindica los títulos equivalentes de “Protectora muy poderosa y generosa de todo el Pueblo cristiano”, “Augusta Soberana de la Iglesia militante, purgante y triunfante”, “Salvación de todo el Pueblo Cristiano”, “terrible como un ejército ordenado en batalla”, “Señora de las victorias no desconocidas en Lepanto y Viena”, “Virgen poderosa y destructora del poder infernal”, “Refugio y Puerto seguro de los cristianos”, “Salvaguardia invencible de la fe”, “Socorro de los cristianos”, y muchos otros.
A este propósito es muy significativo el hecho de que en la misma encíclica sobre el Cuerpo Místico, cuando describe el modo con que Jesucristo socorre desde el cielo a su Iglesia, “que trabaja en este lugar de destierro, y cuando la ve en peligro la salva de las olas de la tempestad”, Pío XII afirma explícitamente que Jesús hace todo esto también “por obra de Aquella que invocamos como Auxilio de los Cristianos”. No se podría enunciar con mayor autoridad y claridad el verdadero significado y valor del título “Auxilium Christianorum” y confirmar al mismo tiempo su singular aptitud para expresar, entre todos los demás títulos marianos tradicionales la protección especial de María hacia la Iglesia Católica particularmente en las luchas y en los peligros”.
Don Bosco es, sin duda, el apóstol más grande de la devoción a María Auxiliadora en estos últimos tiempos.
No nos detenemos en demostrar esta afirmación, pues es una verdad de fácil comprobación histórica. Con razón el Papa Pío XI afirmó: “es éste el título que don Bosco ha preferido entre todos los títulos de la Madre de Dios”.
No fue don Bosco un investigador científico de mariología, pero sí escribió varias obras de divulgación mariana, fáciles y claras y fundamentadas en una doctrina teológicamente robusta, apoyada en la Sagrada Escritura, en los escritos de los Padres y en la Historia Eclesiástica (que era su campo preferido). De estas obras se puede sacar claramente su concepto teológico de la devoción a María Auxiliadora.
Si al valor doctrinal de sus escritos agregamos los dones extraordinarios y la misión especial que recibió del cielo para propagar en nuestros tiempos esta devoción, tenemos rubricadas sus afirmaciones doctrinales, que le han valido el apelativo de “teólogo popular de María Auxiliadora”.
Los opúsculos que dedicó a la difusión de esta devoción son seis. “En estos libritos se ve como el título “María Auxilium Christianorum” representa en síntesis toda la historia de la Iglesia, porque expresa la ayuda de la Virgen a favor de la Iglesia y de su Jefe visible. Este mismo concepto concreto se ve también en la imagen de María Auxiliadora que el pintor Lorenzone realizó por indicación de don Bosco. Allí María está pintada en el centro de los Apóstoles, como ayuda de la Iglesia, la cual está figurada precisamente por los Apóstoles, que son, como dice San Pablo, su fundamento”.
No nos detenemos en presentar largas citas de las obras de don Bosco, que se pueden encontrar fácilmente en recientes estudios al respecto, sólo ponemos, a manera de ejemplo, algunos trozos. En el opúsculo: “Maravillas de la Madre de Dios, invocada con el título de María Auxiliadora”, del año 1868, que en la intención de su autor, debía servir de preparación doctrinal a la consagración del santuario de María Auxiliadora en Turín, en ese mismo año, don Bosco escribe: “La más espléndida prueba de que María es ayuda de los Cristianos, la tenemos en el monte Calvario...” describe el testamento de Jesús que deja María a Juan como madre, y agrega: “... en la persona de Juan, Jesús entendió comprender a todo el género humano...
Jesús sobre la cruz no era una simple víctima de la maldad de los Judíos, era un Pontífice universal que actuaba en rescate de todo el género humano. Por lo tanto de la misma manera que implorando el perdón para sus verdugos, lo obtuvo para todos los pecadores; abriendo el paraíso al buen ladrón, lo abrió a todos los penitentes; y como los verdugos en el Calvario representaron, según enérgica expresión de San Pablo, a todos los pecadores y el buen ladrón a todos los verdaderos penitentes. Así San Juan representó a todos los verdaderos discípulos de Jesús, los cristianos, la Iglesia Católica.
Y María llegó a ser, como dice San Agustín, la verdadera Eva, la madre de todos aquellos que viven espiritualmente, “mater viventium”; o como afirma San Ambrosio, la madre de todos aquellos que creen cristianamente, “mater omnium credentium".
María, por lo tanto, llegando a ser madre en el Calvario, no sólo obtuvo el título de Ayuda de los Cristianos, sino también el oficio, el magisterio y el deber de tal. Nosotros tenemos, pues, un sagrado derecho de acudir a la ayuda de María. Este derecho está consagrado por la palabra de Jesús y garantizado por la ternura maternal de María. Ahora bien: el de que María haya interpretado la intención de Jesucristo en la cruz en este sentido, y el de que Jesucristo hiciera a María Madre y Auxiliadora de todos los cristianos, lo prueba la conducta que Ella tuvo después”.
También en el opúsculo “María Auxiliadora, con la narración de algunas gracias obtenidas...”, del año 1875, escribe: “Al anuncio del ángel de que debía ser la madre del Hijo de Dios, María contestó humildemente ser la esclava del Señor, para que se cumpliera su voluntad; desde ese momento Ella fue el verdadero auxilio del género humano, cooperando a libertarlo de la esclavitud del demonio...”
De la Sagrada Escritura para a la Historia Eclesiástica, donde encuentra numerosas pruebas, a lo largo de todos los siglos, de la ayuda de María a la Iglesia y al Papa.
“A Ella la Iglesia atribuye la derrota de las herejías, que se esforzaron a lo largo de los siglos para corromper y desmembrar la fe...
Surge, en efecto la herejía de Nestorio, que niega a María el título de Madre de Dios; la cristiandad se conmueve y 200 obispos reunidos en Éfeso condenan a Nestorio y su herejía va poco a poco apagándose. Más tarde la herejía de los Albigenses está por infectar Europa. María Santísima aparece a Santo Domingo, le revela la devoción del Rosario y con esta, queda derrotada y destruida la herejía de los Albigenses.
Surge Lutero a emponzoñar el mundo con sus errores y María Santísima aparece a San Ignacio de Loyola, le revela en Manresa la nueva Orden de los Jesuitas y constituye gloriosos atletas y una larga serie de santos, quienes unidos en un solo corazón y en una sola alma hacen frente al peligroso cisma”.
Al aumentar los múltiples hechos históricos que demuestran precisamente que “sobre todo después de su gloriosa Asunción, María Santísima comenzó a mostrase verdadera ayuda de los Cristianos”, don Bosco se detiene especialmente en las victorias de Lepanto, Viena y en la liberación de Pío VII; estas victorias prueban que “si bien la santa Virgen maría se ha demostrado en todo tiempo auxilio de los Cristianos en todas las necesidades de la vida, con todo parece que ha querido manifestar de una manera particular su poder, cuando la Iglesia era atacada en las verdades de la fe y por las armas enemigas.
Así presenta don Bosco el poder de la Auxiliadora como un patrocinio social en favor de la Iglesia y del Papa, especialmente en los períodos de emergencia para la fe. “Una experiencia de 16 siglos, escribía él mismo, hace ver de un modo hermosísimo que María ha continuado desde el cielo con el máximo éxito su misión de Madre de la Iglesia y de Auxiliadora de los cristianos, que había empezado en la tierra...
Y cuando don Bosco se propuso construir el templo de Valdocco a María Auxiliadora, de las palabras que pronunció se colegía que “tenía el propósito de reavivar en el pueblo cristiano la fe en el triunfo de la Iglesia, en la lucha que debe sostener en estos tiempos”. (M.B. VII,373)
Uno de los más agudos estudiosos de don Bosco, Alberto Caviglia, escribe que la devoción del santo a María Auxiliadora “es otro reflejo de su catolicidad romana y papal, por cuanto él vio en el destierro de Pío IX en Gaeta la repetición del destierro de Pío VII en Savona y en Fontainebleau; y como de aquél se había originado en la Iglesia el culto litúrgico de la Auxiliadora, así, por los mismos motivos, frente a los peligros que entonces amenazaban a la Iglesia y al Papado, él se dedicó al culto de María “Auxilio de la Cristiandad”, abrazando en un solo nombre toda la historia de las luchas y de las victorias de la Iglesia: desde las herejías hasta Lepanto, y desde allí hasta sus tiempos”.
Pero junto con este sentido primario y muy claro del patrocinio universal de María Auxiliadora sobre la Iglesia militante y el Papa, don Bosco da también otro sentido secundario y peculiar al título de “Auxilium Christianorum”, que comprende desde las organizaciones sociales cristianas hasta cada una de las personas en particular, sobre todo en los momentos de mayor apremio para la fe: “las naciones, los ejércitos y príncipes católicos, cada uno de los fieles y de los infieles, en lo que atañe al alma y a los bienes sobrenaturales, y también al cuerpo y a los bienes materiales”.
En particular, la protección individual a las personas aparece claramente en la fórmula de la bendición de María Auxiliadora, compuesta por el mismo don Bosco en 1878 e incluida en el Ritual Romano.

El concepto peculiar y específico encerrado en este título es el aspecto público y social de la mediación de María hacia la Humanidad organizada en Iglesia, especialmente en los momentos de apremio causados por los poderes organizados del mal. El título “María Auxilium Christianorum”, dice el mariólogo Domingo Bertetto, indica la mediación victoriosa de María hacia el pueblo cristiano, considerado colectiva y socialmente, con su jefe visible, el Romano Pontífice, en la lucha contra las insidias del demonio y de sus aliados, reunidas para su ruina”.
Esto implica directa y primariamente un especial patrocinio de María hacia la Iglesia militante y el Papa; e implica, además, como proyección de lo anterior, in patrocinio especial de María, sobre todo en las situaciones más difíciles, hacia los pueblos y agrupaciones sociales cristianas, las autoridades civiles de estos pueblos y agrupaciones y, finalmente, de todos los individuos: los fieles que son miembros actuales de la Iglesia militante, y los infieles que son sus miembros potenciales.
Así María, como Auxiliadora, extiende su patrocinio sobre todo el linaje de Adán para que alcance, como raza humana, la estructura perfecta y victoriosa del Cuerpo Místico de Jesucristo.
María es Auxiliadora En su vida terrenal:
Ayuda de la Trinidad para la encarnación del Verbo.
Asociada con Cristo para la redención de los hombres
María es Auxiliadora En su vida celestial:
medianera y distribuidora universal de todas las gracias.
defensora social, sobre todo en los momentos de crisis:
-de la Iglesia en cuanto asamblea militante.
-del Papa, en cuanto jefe visible, de la cristiandad itinerante.
-de cada cristiano en particular, en cuanto miembro del Cuerpo Místico

Oración: ¡Oh, Santísima e Inmaculada Virgen María, tiernísima Madre nuestra y poderoso Auxilio de los Cristianos! Nosotros nos consagramos enteramente a tu dulce amor y a tu santo servicio. Te consagramos la mente con sus pensamientos, el corazón con sus afectos, el cuerpo con sus sentidos y con todas sus fuerzas, y prometemos obrar siempre para la mayor gloria de Dios y la salvación de las almas.
Tú, pues, ¡oh Virgen incomparable! que fuiste siempre Auxilio del Pueblo Cristiano, continúa, por piedad, siéndolo especialmente en estos días. Humilla a los enemigos de nuestra religión y frustra sus perversas intenciones. Ilumina y fortifica a los obispos y sacerdotes y tenlos siempre unidos y obedientes al Papa, maestro infalible; preserva de la irreligión y del vicio a la incauta juventud; promueve las vocaciones y aumenta el número de los ministros, a fin de que, por medio de ellos, el reino de Jesucristo se conserve entre nosotros y se extienda hasta los últimos confines de la tierra.
Te suplicamos ¡oh dulcísima Madre! que no apartes nunca tu piadosa mirada de la incauta juventud expuesta a tantos peligros, de los pobres pecadores y moribundos y de las almas del Purgatorio: sé para todos ¡oh María! dulce Esperanza, Madre de Misericordia y Puerta del Cielo.
Te suplicamos, gran Madre de Dios, que nos enseñes a imitar tus virtudes, particularmente la angelical modestia, la humildad profunda y la ardiente caridad, a fin de que, por cuanto es posible, con tu presencia, con nuestras palabras y con nuestro ejemplo, representemos, en medio del mundo, a tu Hijo, Jesús, logremos que te conozcan y amen y podamos, llegar a salvar muchas almas.
Haz, ¡oh María Auxiliadora! que todos permanezcamos reunidos bajo tu maternal manto; haz que en las tentaciones te invoquemos con toda confianza; y en fin, el pensamiento de que eres tan buena, tan amable y tan amada, el recuerdo del amor que tienes a tus devotos, nos aliente de tal modo, que salgamos victoriosos contra el enemigo de nuestra alma, en la vida y en la muerte, para que podamos formarte una corona en el Paraíso. Así sea.
Fuente: http://www.geocities.com/adma_qro/cap3.htm

Muy largo algunos articulos. Les aconsejos ser breves, para ayudar a la lectura. La brevedad otorga esencialidad en muchas ocasiones...
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