EN
Del profeta Ezequiel.: "Y he aquí que en la entrada del templo del Eterno... había unos veinticinco hombres que daban la espalda al templo... Se prosternaban hacia el Oriente ante el sol". (Ezequiel, 8, 16).
Pero cuando el mismo profeta, en otra visión, fue conducido por la mano de Dios a la puerta oriental del templo, ¿qué vio? "La gloria del Dios de Israel avanzaba desde oriente....La gloria del Eterno entró en la casa por la puerta que daba hacia el oriente... Él me dijo: es aquí el lugar de mi trono". (Ezequiel 43-2,4,7).
Un poco más lejos, es la célebre visión de la puerta oriental cerrada: "Y el Eterno me dijo: esta puerta será cerrada... y nadie pasará por ella; pues el Eterno, el Dios de Israel entró por allí. Permanecerá cerrada".(Ezequiel 44, 2).
Al leer el relato profético referente a la nueva Jerusalén se nota que Ezequiel reserva sólo al Templo la colina oriental de la ciudad. Así pues, purificado de cualquier comprometimiento solar idolátrico, el oriente no deja de seguir siendo el lugar privilegiado de la manifestación del Señor.
Del oriente saldrá el Salvador, nos dice el profeta ISAÍAS: "¿Quién ha suscitado del oriente a Éste a quien la salvación llama tras de sí?" (41, 2).
Y JOEL: Cuando el sol "se habrá cambiado en tinieblas", la salvación "estará sobre la montaña de Sión" (3, 4-5) .
El GÉNESIS nos dice que en el oriente se hallaba el Paraíso terrenal: "Luego Dios plantó un jardín en Edén, del lado del oriente, un jardín delicioso, en que colocó al hombre que había formado" (Génesis 2, 8).Y cuando, después de la caída, Adán y Eva fueron expulsados del Edén, Dios "colocó en el oriente del jardín a los querubines con espadas flameantes para guardar el camino del árbol de la vida" (Génesis 3, 24) .
SEGÚN LOS PADRES DE
En el siglo II, SAN JUSTINO (t hacia 185) es sensible a la comparación entre Cristo y el oriente. Comentando el capítulo 21 de los Números, versículo 8, ve en la serpiente de bronce levantada por Moisés el 'símbolo de la cruz del Salvador
San IRENEO (+ 202): "Es Él quien ilumina las alturas, es decir, los cielos. Es Él quien recame la larga extensión del oriente al occidente"
Se lee en CLEMENTE DE ALEJANDRÍA (t. hacia 215):
"El oriente es la imagen del día naciente. Es de ese lado también que crece la luz, la cual en primer lugar sume de las tinieblas donde se estanca la ignorancia y de donde se ha separado el día del conocimiento de la verdad de la misma manera como se eleva el sol. Por ello, es normal que se dirijan las oraciones hacia el nacimiento de la mañana".
Esta conveniencia –prosigue- explica la disposición de los más antiguos templos (Stromatum., libro VII, cap. 7. P.G. IX, 482-483).
TERTULIANO (+ hacia 240) - constata y aprueba el uso observado por los cristianos de darse vuelta hacia el oriente para rezar. Vuelve sobre ello en varias ocasiones: Ad orientis regionem conversi, Deum precabantu… Ad orientis partem facere nos precationem
SAN CIPRIANO (+ 258) se expresa así: Cristo es el verdadero sol y la verdadera luz. Cuando, al declinar el día, pedimos que la luz brille de nuevo sobre nosotros, imploramos la venida de Cristo quíen nos dará la gracia de la eterna claridad. Ahora bien, que Cristo sea designado como el día es lo que nos enseña el Espíritu Santo en los salmos... Es el día que el Señor hizo; marchemos y alegrémonos con su luz... Cristo es igualmente designado como el sol, según nos lo atestigua Malaquías.
Uno de dos textos más importantes es el de Orígenes (+ hacia 255) en su Libellus de oratione: ”Y ahora, respecto de la parte del mundo hacia la que hay que dirigirse para orar, seré breve. Siendo cuatro esas partes: el norte, el sur, el poniente y el levante, quién pues negará que hay que indicar bien claramente el levante, y que debemos rezar dándonos vuelta simbólicamente hacia ese lado, mirando con el alma en cierto modo la salida de la verdadera luz. Si estando las puertas de la casa situadas hacia no importa qué parte, alguno prefiere a causa de ello rezar hacia el lado donde se abre la morada y sostiene que la vista directa del cielo lo atrae más que un muro que se lo esconde, en el caso en que la entrada de dicha casa no mire hacia el oriente, hay que responderle que por la voluntad de los hombres los edificios se abren hacia tal o cual parte del mundo, mientras que es por su naturaleza misma que el oriente supera a las otras regiones del cielo. Ahora bien, lo que está en el orden natural supera a lo que proviene de un arreglo arbitrario”.
Y eso vale, según Orígenes, a priori para la oración de quien se encuentra en la campaña rasa. Si se admite -dice- que el oriente tiene la prioridad, ¿por qué no admitirla en todas partes? (P.G. XI, 555).
LACTANCIO ( 250 - después de 317 ) explica por qué conviene orar hacia el oriente: "De esta tierra, [Dios] constituyó dos partes contrarias y opuestas una a otra, a saber, oriente y occidente. El oriente está iluminado por Dios, fuente Él mismo de la luz, iluminador de todas las cosas. Él nos hace entrever la vida eterna. El occidente, por el contrario, se atribuye al espíritu turbio y vicioso, porque esconde la luz, porque trae siempre las tinieblas y hace que los hombres sucumban a1 pecado".
La luz viene del oriente y la vida tiene su principio en la luz. Las tinieblas están en el occidente, y en las tinieblas están la muerte y la destrucción"
Interroguemos a SAN JERÓNIMO (347-419). En el libro segundo de su comentario sobre Habacuc, compara a Cristo con el Sol de justicia que ilumina a
Comentando a Zacarías, escribe: "El Señor no se adelantará al declinar del día, en la cercanía de las sombras de la tarde, tamo lo hizo, leemos, para Adán (cfr. Génesis 3, 8). Y cuando se detenga, no será en los valles y las hondonadas, sino sobre la montaña... Y esta montaña está junto a Jerusalén, del lado del oriente, de donde viene el Sol de Justicia"
Más incisivo y más preciso es este pasaje de su comentario sobre Amós (libro III), en el cual recuerda primeramente los versículos 33 y 34 del salmo 68: "Cantad las alabanzas de Dios, haced resonar cánticos a la gloria del Señor que ha subido por encima de todos los cielos hacia el oriente".
Y luego escribe: "De allí viene que, en nuestros misterios, renunciemos primeramente a aquél que está en occidente y que muere en nosotros con dos pecados, y, dándonos vuelta hacia el oriente, nos aliemos con él Sol de justicia y prometamos servirlo en adelante"
Esas palabras son un eco de las de SAN CIRILO DE JERUSALÉN (313-386): "Cuando renuncias a Satanás, aboliendo todo pacto con él (cfr. Isaías 28, 15) y todas las viejas alianzas con el infierno, entonces el paraíso de Dios se abre para ti, que Él plantó en el oriente (Génesis 2, 8), del cual, después de haber violado el mandamiento de Dios, fue expulsado nuestro primer padre. Y en razón de ese símbolo te has dado vuelta del poniente hacia el oriente, que es la región de la luz. Y entonces es cuando debes decir: “Creo en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo, y en un bautismo de penitencia”
AD SOLIS ORTUM
Aquél en quien ve el verdadero Sol invictus. De hecho, la liturgia de Navidad se halla impregnada de esta mística de la luz. La alegría humana de la renovación, del retroceso de la noche y del retorno victorioso del astro del día, cuyo comienzo indica el solsticio, esta alegría humana
Pero he aquí que el Oriente se ilumina con un astro más ardiente que el sol. "Señor, habéis formado en el cielo un signo glorioso entre todos, centelleante con una claridad infinita": así se expresa un tropero bizantino en los Maitines del 14 de septiembre, mientras el Occidente latino exclama: O Crux, splendidior cunctis asitris!
Hacia ese signo que del Oriente los llamaba a las beatitudes eternas debía dirigirse la última mirada de los mártires. Esa Cruz que exaltaron Justino, Ireneo, Efrén, Paulino de Nola y Juan Crisóstomo, no era el madero ignominioso del Gólgota, sino el testimonio deslumbrante de la gloria de Cristo con la que se iluminará la última aurora cósmica. Esta Cruz salvífica aparecerá en el cielo, nos dice SAN EFRÉN, "como el cetro de Cristo gran Rey... superando el brillo del sol y precediendo la venida del dueño de todas las cosas". "¡Sígno triunfal! exclama San JUAN CRISÓSTOMO, más resplandeciente que el astro de los días"!
En los orígenes del cristianismo se asocia la oración hacia el Oriente con el culto de
Pero es también la afirmación de una esperanza. Si el Oriente evoca el Paraíso perdido, es más aun el lugar del Paraíso reencontrado. Allí está la morada del Señor, marcada por













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